sábado, 5 de abril de 2014

Capítulo 24.

Pues sí, allí la vi, sentada en aquel pequeño sillón, con el folio en la mano, mirándome con los ojos bien abiertos, en ese instante no sabía que hacer, si salir corriendo, si cerrar los ojos, si sentarme allí a su lado y explicarle todo. No lo sabía, las piernas volvían a temblar, el corazón volvía a latir muy fuerte, tan fuerte como la primera vez que la vi. Sus ojos marrones, esos ojos que tanto me gustaban. Pues no me atrevía a mirarla a los ojos, seré idiota. Pero no pude, me daba miedo, terror, pánico, llamarlo como queráis. No sé por que dejé allí encima de la mesa el folio, de nunca me ha gustado que lean lo que escribo y mucho menos delante de mi. No quería que ese folio llegara a sus manos, pero soy tan idiota que lo dejo todo a la vista. Bueno, pues ella seguía allí, mirándome, ni siquiera parpadeaba, estaba embobada. Su mirada estaba clavada en la mía. Exactamente no me acuerdo de todo lo que ponía en el folio, solo sé que contaba el día de mierda que había tenido. Malú parpadeó, por fin, después de estar embobada mirándome durante unos instantes, empezó a parpadear. Siguió leyendo la carta, esta vez en voz alta.
-No entiendo el por qué, no entiendo por que traté así a Jesús, por que trato a si a las personas que más quiero, me levanté sabiendo que no iba a ser un buen día para mi, eso ocurrió. Jesús, el mejor hermano que se puede tener, por el que daría mi vida por verlo sonreír, cumpliendo su sueño, al que voy a estar siempre a su lado, en las buenas y en las malas, aunque no se lo diga mucho, pero lo quiero más que a mi vida, no se que haría sin el. Pues sus palabras me dolieron, ojalá José fuera mi hermano. Cinco palabras, veintitrés letras que me marcaron mucho. Después de eso, llego al trabajo, sin ganas pero voy, nada más entrar por la puerta el jefe quiere hablar conmigo, yo ya me suponía lo peor, y correcto, una vez más no me equivocaba. Estaba despedido. ¿Y ahora? ¿De qué voy a vivir? ¿Cómo voy a alimentar a mi hermano? Si apenas tenemos nada, mi padre ya no existe para nosotros, no tenemos nada. Mi hermana Irene tiene cuatro hijos y también está sola, sin trabajo y los saca adelante. Pero ella no es como yo, ella es mucho más fuerte, más optimista. Y después de todo está ella, la mujer de mi vida. La razón por la que despierto todos los días con una sonrisa dibujada en la boca, la que aguanta mis malos humores, mis bromas, la que me soporta, por que yo no sería capaz de soportarme, y ella si lo hace. A ella, tal vez tampoco se lo diga mucho, pero no la quiero, la amo. Y el sueño para terminar, lo más bonito del mundo sería eso, formar una familia con ella. Ojalá el sueño hubiese sido verdad, sería lo más bonito del mundo, que mis hijos llevaran su sonrisa.              -Terminó de leer el folio, con la voz rota, con una lagrima cayendo por su hermosa mejilla-
Yo seguía allí, apoyado en el marco de la puerta, con la cabeza agachada, con los brazos cruzados, cuando de repente, escuché sus pasos, cada vez más y más cerca de mi, hasta que me tocó, hizo que levantara la cabeza, la tenía a unos centímetros de mi.
-No tenías que haberla leído.
-Pues la he leído y me ha encantado lo que dices de tu hermano y de mi. -Se acercaba más y más-
¿Soñaste con que íbamos a ser padres? -Dijo casi en mis labios-
-Sí, lástima, que todo había sido un sueño, muy real y muy profundo.
-Te quiero. -Lo dijo apoyando sus labios a los míos, cuando de repente gritó Marco que estaba en la cocina-
-Qué oportuno. -Rió ella-
Salí corriendo hacia la cocina y allí estaba el vaso de cristal en el suelo, rápidamente cogí a Marco para que no se cortara y lo llevé al salón. Volví a la cocina, allí estaba ella, recogiendo los cristales más grandes con la mano, con mucho cuidado, la levanté del suelo.
-Trae, no quiero que te cortes. Ya lo hago yo. -Sonreí-
-Que no Mario, que te ayudo y así acabamos antes. -Dijo Seria-
-Cariño, estoy hecho de pedacitos de ti. -Canté y ella inmediatamente empezó a reír, acercándose a mis labios más, cada vez estaban más cerca hasta que llegaron a su destino-
Cada vez que besaba sus labios se me paraba el tiempo, sentirla tan cerca de mi, me hacía estremecerme.
Terminé de recoger todos los cristales que habían en el suelo, Malú por primera vez me hacía caso y me dejó recoger a mi solo, ella se quedó en el salón con Marco. Llamaron a la puerta, ¿Sabéis quien era?
pues era mi hermano, era Jesús, entró y vino corriendo hacia mi.
-Lo siento Mario, no quiero otro hermano que no seas tú, eres el mejor. -Decía casi en un pequeño susurro, casi no le oía-
-Te quiero. -Susurré-
Lo abracé, lo abracé con mucha fuerza, casi no podíamos ni respirar. Tras estar un rato abrazados, miré a Malú, que empezó a sonreír abrazada a Marco.
-Mario, venía a decirte esto, pero me tengo que ir que hemos quedado con Pepe que vamos a cenar y a cantarnos algo. -Me dio otro abrazo, se dirigió a Malú, en ella depositó dos besos en su mejilla, y a Marco le despeinó y le besó la mejilla, se despidió y salió por la puerta-
Tras irse Jesús, apareció mi hermana por la puerta, como siempre, tan cargada, la ayudé. Vino a recoger a Marco, para llevarlo a casa, la verdad es que se había hecho casi de noche.
-Tita, mañana vengo a jugar contigo. -Dijo la pequeña Paula, que llevaba en  la cara pintada una mariposa-
-Vale, princesa. -Sonrío Malú-
-No, princesa no, hoy soy una mariposa. -Rió-
Reímos todos tras estas últimas palabras de la pequeña, me despedí de mis sobrinos y de mi hermana, los acompañé hasta la puerta.
-Irene si necesitas algo, me llamas. -Sonreí-
-Algo de qué? -Preguntó-
-Pues, algo. Lo que sea, aquí me tienes, para lo que necesites. Te quiero. -Besé su mejilla-
Pues sí, mi hermana quedó extrañada, yo no era de ir diciendo te quiero así, exactamente llevaba sin decirle esas dos palabras desde que eramos pequeños, ya era hora de ir demostrando lo mucho que quería a las personas que me rodeaban. Entré a casa, ella estaba en el dormitorio, subí a el. Entré y la vi, estaba cambiándose de ropa, me quedé apoyado en la puerta, sin decir palabra, viendo esas increíbles vistas, viendo sus curvas, su cuerpo desnudo, que me volvía loco. Me sabía de memoria donde estaban todos sus lunares, había recorrido cada centímetro de su piel muchas veces. Sonreía como un idiota, no decía palabra, es que estaba preciosa, bueno, siempre lo está. Pero sus curvas desnudas, su pecho al descubierto, todo su cuerpo entero, me volvía loco. Me acerqué a ella, muy despacio, sin hacer ruido.
-Estás preciosa. -Susurré en su oído, mientras acariciaba su pelo-
-No sabes llamar a la puerta? -Preguntó ella-
-Malú, te he visto así mil veces, me conozco ya el recorrido de tu cuerpo entero, sé donde están todos tus lunares, lo sé todo. No hay nada que no haya visto. -Me acerqué más y más a ella, depositando pequeños besos en el cuello-
-Vas a dejar que me termine de vestir? -Preguntó-
-No, quédate así, que hace calor. -Eché una sonrisa pícara-
Ella se giró, sonrío y se acercó a mis labios, al estar allí, los besó, con más pasión, más amor, más de todo que nunca, la cogí de la cintura, acercándola más y más a mi, la levanté y ella cruzó las piernas en mi cadera, me cogió del cuello y empezaron nuestras lenguas a juguetear, a bailar, a todo. La llevé a la cama, donde la tumbé, empezó el recorrido otra vez, volví a besar su cuello, bajando a su pecho desnudo, llevaba una camisa, me deshice lo más rápido posible de ella. Acaricié su cuerpo entero, de arriba a abajo y viceversa, cada paso que daba en su cuerpo, cada paso disfrutado. Sus caderas se movían rápidamente, se escuchaban gemidos, bastantes gemidos. Tras todo esto, se acurrucó, como solía hacer en mi pecho, acaricio su piel, de abajo a arriba y así sucesivamente, estamos callados, solo sonreímos. Volvió a romper ese silencio, se giró, depositó un beso en mis labios y comenzó a hablar. -Tengo algo para ti. -Sonrió-
-¿Para mi? ¿El qué? Yo también tengo algo para ti. -La miré desafiante, con una sonrisa pícara-
-¿Y qué es? -Se sentó en la cama, mirándome, sus ojos marrones me hipnotizaban, esos ojos me encantaban, volvían loco a cualquier persona-