lunes, 31 de marzo de 2014

Capítulo 23.

-Mario, despierta. -Escuchaba de fondo-
Alguien empezó a pasar sus labios por todo mi abdomen, abrí los ojos y la vi allí. Depositando pequeños besos por mi abdomen, me levanté de la cama de un pequeño salto, salí corriendo al aseo, se suponía que debía de estar allí, allí tendría que estar el test de embarazo, pero no, no estaba, no había ni rastro, volví al dormitorio, pensando en que estaría allí, pero tampoco. Ella me miraba extrañada, demasiado.
-Malú, dónde está el test? -Pregunté, cogiéndola de la mano-
-¿Qué test? ¿Mario estás bien? -Preguntó dos veces esto último-
-El test de embarazo.
-¿Quién está embarazada? -Preguntó-
-Nada olvídalo.
Increíble pero cierto, todo había sido un sueño, todo lo del embarazo era mentira, parecía tan real, la verdad, es que me hacía muchísima ilusión ser padre y más ganas después de haber tenido este sueño, ojalá hubiese sido verdad, me ilusioné. Malú no entendía nada, me miraba extrañada, puso sus manos en mi espalda, no sé ni como ni por qué, pero me ericé, sentí un gran escalofrío. Por un lado me alegré, me alegré por que no todo había sido un sueño, mis sobrinos, eso no había sido un sueño. Me dolía la cabeza, parecía que me estaban matando, me dolía fuerte, demasiado. Me levanté raro, algo me pasaba no sé el por qué, pero ojalá que no fuera nada malo. Bajé a la cocina, allí estaba Malú con Jesús, estaban desayunando, creía que Jesús estaba con José, pero a los minutos recordé que había sido un sueño.
-Mario, esta noche estrenan La Voz Kids en televisión, al fin. -Suspiró-
-Sí. -Mi respuesta fue corta y demasiado seca, hoy no tenía un buen despertar-
-Estás más borde últimamente, pensé que te haría más ilusión, pero ya veo que no. Le hace más ilusión a José que a ti, ¡Ojalá fuera él mi hermano! -Esto último lo chilló, esas cinco palabras se me clavaron en el alma, cómo si de una espina se tratase, sí, me dolió bastante, quizás tenía razón. Jesús salió de la cocina gritando, salió a la calle, escuché un portazo, Malú salió detrás de él. ¿Y yo? ¿Por qué no salí tras él? ¿Por qué me quedé quieto? La verdad es que ni yo mismo entendía mi comportamiento, trataba diferente a las personas que más quería, me tomé una pastilla, el dolor de cabeza aumentaba por instantes. Tras esto me dí una ducha de agua fría, me vestí y salí por la puerta. Fuera estaba Malú, acompañada de Jesús, que este al verme se metió a la casa, ni siquiera me miró, nuestros hombros chocaron, quizás me dio a propósito.
-En un par de horas vuelvo. -Me acerqué a ella para darle un beso ligero en los labios, pero apartó su cara y mi beso quedó en su mejilla-
-Adiós. -Sí, así se despidió de mi, no entendía mi comportamiento, pero tampoco entendía el de ellos-
Bueno, pues salí de allí, quería salir cuánto antes, hoy no era mi día, faltaba algo más para que me pasara? me preguntaba una y otra vez en mi cabeza. En unos minutos llegué al restaurante en el que trabajaba, entré y me dirigí a la cocina a saludar a mis compañeros, al entrar rápidamente me dijeron. -Paco quiere hablar contigo.
Paco era mi jefe, un hombre bastante alto, con la voz muy grave, con muchísima barba y todos le temían, bueno, casi todos. Cuando el jefe quería hablar con alguno, era por algo bastante serio, normalmente no solía hablar con nosotros. Pues sí, así fue. Nada más entrar me lo dijo, dos palabras rápidas de decir, dos palabras que dolieron.
-Estás despedido. -Soltó de repente, su mirada clavada en la mía, agaché la mirada rápidamente, estaba claro que hoy no era mi día. Salí de allí, sin decir palabra. Me pagó el mes que me debía y salí, salí huyendo de allí, comencé a caminar, no sabía hacia donde iba, quería irme lejos, quería desaparecer por unos instantes. ¿Por qué me pasaba todo esto a mi?. Seguía caminando, hasta llegar a un parque, en el que me senté en un banco, habían muy pocos niños, dos o tres nada más. Y ahora que sería de mi, como sacaría adelante a mi hermano, el alquiler, todo. Cogí un papel y un bolígrafo y empecé a escribir, no sabía ni siquiera lo que escribía, pero llené el folio enseguida, en menos de diez minutos. Lo doblé y lo guardé en el bolsillo, me levanté de allí y comencé a caminar, esta vez con un rumbo, rumbo a mi casa. No quería llegar la verdad, pero empezaba a refrescar y aún no había comido, aun que cuando llegué tampoco lo hice. Llegué y no había nadie en casa. Cogí la guitarra, me senté en el sillón y empecé a improvisar. Estuve unas horas allí, sentado en aquel sillón negro, con la guitarra en mis manos. Llamaron al timbre y los escuché, la verdad es que me hacía falta despejarme y que mejor forma que estando con tus sobrinos. Pues sí, apareció mi hermana, acompañada de los pequeños. Les invité a pasar, pero no, tenía prisa, se iba a llevar a Paula a un cumpleaños y Marco quería quedarse conmigo, acepté. Cogí un balón de fútbol, dejé la guitarra y el folio que había doblado en mi bolsillo encima del sillón, cogí al pequeño en brazos y salimos de allí, esta vez nos quedamos en un descampado que había enfrente de la casa, allí empezamos a darle patadas al balón, corriendo de una punta a otra, riendo como dos niños pequeños, disfruté muchísimo. Marco cuando me marcaba se subía la camisa y daba una voltereta apoyado en el suelo, así hice yo, di una voltereta, pero sin apoyar mis manos en el suelo, Marco quedó con la boca abierta, me repetía mil veces que volviera a hacerla, la hice dos veces más y volvimos a nuestro pequeño partido. Mi sobrino gritaba en varias ocasiones -Tito, Malú allí. Y yo como un tonto miraba rápidamente, mi cabeza giraba en tan solo unos segundos, el pequeño me había marcado en varias ocasiones gracias a esas tres palabras que salieron por su boca disparadas. Esta vez, el pequeño volvió a gritarme esas tres palabras, no le creí, después de habérmelo dicho en varias ocasiones y  haber mirado como un idiota, esta vez no miré. Volvía a repetírmelo entonces, me giré, allí estaba ella a unos pasos de mi, no sabía que hacer, si salir corriendo hacia ella o si girarme y seguir jugando con mi sobrino, como si no la hubiera visto. Pero no iba a quedar muy convincente, así que me acerqué a ella, caminaba lento, el corazón me latía a mil por hora. No sabia como iba a reaccionar, esperaba que bien.
-¿Tú no trabajabas? -Dijo ella, frunciendo el ceño-
-Tú misma lo has dicho, trabajaba. Me han despedido.
-Joder, lo siento. -Me abrazó, lo agradecí, agradecí ese abrazo por que lo necesitaba, necesitaba sentirla tan cerca, necesitaba que el olor de su perfume volviera a mi y me hiciera sacar una sonrisa enorme-
-He hablado con Jesús.
-¿Y qué te ha dicho? Tengo que hablar con él.
-Que lo siente mucho por como te ha tratado. -Sonrío-
Tras una larga conversación en la que acabó en un beso a fuego lento y más tarde a olla exprés, cogimos a Marco y entramos a casa. Marco y yo, entramos en la cocina para preparar su merienda, el pequeño tenía hambre. Tras unos minutos de larga espera, esperando a que terminara de desayunar salimos de allí, el pequeño subido a mis hombros. Llegamos al salón y allí estaba ella, con el folio en la mano, me miró con los ojos abiertos como dos platos.

domingo, 30 de marzo de 2014

Capítulo 22.

Pues sí, encima de la mesilla había un test de embarazo, me daba pánico mirarlo, no sabía que hacer, aún sin mirarlo comencé a llorar de emoción. Decidí cogerlo, sería lo mejor. Y así fue, lo miré y dio positivo, iba a ser padre, iba a formar una familia con la mujer de mi vida. Tenía las manos en la cara, aún no me lo creía. Formar una familia era lo que siempre había querido, tenía muchísimas ganas de saber que se siente al ser padre, quería ser el mejor padre del mundo, quería que mi hijo fuera feliz, feliz al lado nuestro, al lado de sus padres. Ladeé la cabeza y allí estaba ella, apoyada en el marco de la puerta, emocionada, las lagrimas bajaban lentamente por sus hermosas mejillas, no me lo pensé, me levanté, dirigiéndome hacia ella, apoyando mis labios en los suyos, depositando un beso a fuego lento, un beso con muchísima pasión, demasiada dulzura. La abracé y le susurré en el oído -Vas a ser la mejor madre del mundo, te quiero. Ella no dijo nada, solo soltó una breve sonrisa, de apenas dos segundos escasos.
-¿De cuánto estas? -Pregunté-
-Tenía un retraso de dos semanas, tenía que haberme echo antes el test, lo siento. Pero me daba pánico. Cuando comimos con mis padres y empezaron a hablar sobre los niños, ahí más o menos sabía que estaba embarazada, me lo intuía. -Forzó una sonrisa-
-Ven aquí tonta. -La abracé- ¿Estás contenta? 
-Sí, mucho. Tengo miedo. -Me abrazó más fuerte-
-¿Miedo de qué? 
-Nunca he tratado con niños, miedo de no ser una buena madre. 
-Idiota, vas a ser la mejor madre del mundo y lo sabes, mira como tratas a Marco y a Paula, imagínate a nuestro hijo. Te quiero. -Dije a tan solo unos centímetros de su boca, a la que volví otra vez, perdiéndome en ella, como la primera vez que besé sus dulces labios- 
Llamaron al timbre, esta vez no abrió Malú, esta vez abrí yo, ella se sentó en el sillón, aún pensando en todo lo del embarazo. Eran José y Jesús, pero no venían solos, venían sus padres también, se habían enterado ya? me preguntaba una y otra vez. Saludé a todos, Pepi como siempre, me decía que estaba más delgado que la última vez. Malú rápidamente se levantó y saludó a sus padres, estos al verla con los ojos hinchados de haber estado llorando, le preguntaron. -Hija, que te pasa? Os habéis peleado? 
Ella negó con la cabeza, me cogió de la mano y se sentó a mi lado. 
-Mario y yo tenemos que contaros algo. -Dijo ella, apretándome la mano muy fuerte- 
-Os vais a casar? -Preguntó José- 
-No, no es eso. Deciros que estoy embarazada, que vamos a ser padres. -Esto último, no lo dijo con muy buena cara, se le notaba apagada, en el fondo la entendía, estaba en lo mejor de su carrera, tenía un montón de conciertos por delante, muchas entrevistas, etc.-
Rápidamente se levantaron todos a darle la enhorabuena, después me la dieron a mi, Jesús y José empezaron a decir tonterías, típico en ellos. Yo seguía mirando a Malú, no se la veía muy contenta. Fingía una sonrisa, no era la misma sonrisa de la que yo me había enamorado aquel día. La que más feliz estaba era Pepi, le encantaba la idea de ser abuela. Yo también, yo estaba encantado, quería ser padre y si es a la mujer a la que más quiero más ganas tenía. Yo estaba feliz, en ese instante era el hombre más feliz del mundo. Tener a mi hermano, a Malú, mis sobrinos y después tener a mi hijo, sería lo mejor del mundo. 
Se habían ido todos, Jesús también, se iba al cine con José. Aproveché que se habían ido para hablar con Malú.
-¿Qué te pasa? Y no me digas que nada, por que te conozco.
-Tienes razón, algo me pasa. Estoy feliz, voy a ser madre por fin. Pero estoy en el mejor momento de mi carrera, aún me quedan muchos conciertos por delante, entrevistas, etc. 
-Bueno, a las entrevistas puedes ir perfectamente, pero lo de los conciertos, lo veo más complicado. 
-No, Mario. Si piensas que los voy a cancelar estás muy equivocado. Además en unos días tengo uno en Valencia y no pienso cancelarlo. 
-Hablamos de esto en otro momento, no quiero discutir. -Dije-
-Sí, mejor será. Pero no pienso cancelarlo. 
Yo no contesté, no quería discutir con ella. Sonó mi teléfono, rápidamente contesté. Era mi hermana, me decía si me podía quedar con los niños un momento, que el pequeño Daniel había enfermado y tenía que llevarlo al hospital, acepté. Al fin y al cabo, a Malú no le vendría mal estar con los pequeños un rato, así se despejaría. 
-Cariño, perdona por lo de antes. -Se acercó a mi boca, más y más, hasta juntar nuestros labios. Su lengua empezó a juguetear con la mía, al principio iba tímidamente, después se soltó- 
La verdad, es que me sorprendió que me pidiera perdón por la pequeña discusión de antes, ella no solía pedir perdón tan rápido. Llegaron mis sobrinos, pusieron un poco de alegría en la casa, que por momentos se quedaba en un silencio incómodo, bastante incómodo, no sabía que decir. Estábamos los dos, ella apoyada en mi hombro, dibujando corazones con sus dedos en mi abdomen desnudo. Paula entró gritando y ligeramente a Malú se le iluminó la cara, una sonrisa se dibujó en su boca, sus ojos volvían a brillar. Después de todo, Malú se moría de ganas por ser madre y aunque lo negara, estaría mintiendo, solo había que verla con niños, su manera de tratarlos, sus ojos iluminados, su sonrisa tan preciosa. Yo la miraba y sonreía, me encantaba verla así, no soportaba verla de mal humor, aunque con el embarazo, los antojos y todo eso, estaría de mal humor de vez en cuando, lo sé, por que mi hermana Irene en el embarazo de Marco y de Paula estaba de muy mal humor a todas horas, aunque su ex marido no tenía mucha paciencia, él cogía la puerta y se iba y al rato volvía. Yo no iba a ser así, yo estaría con ella, en sus malos humores y en los buenos. 
-Chicos, sabéis que voy a ser mami? .Dijo ella, con una sonrisa enorme- 
-Yo quiero que sea niña. -Dijo la pequeña, mientras la abrazaba- 
-Niña no, yo quiero niño, para jugar a fútbol. -Dijo Marco, que estaba sentado encima mía- Tito Mario y tú que quieres que sea? 
-Me da igual, mientras que salga igual  que su madre, con su sonrisa tan bonita, con esos ojos que enamoran a cualquiera. -La cogí de la mano y me acerqué a su mejilla para depositar un beso ligero pero intenso- 
-Tita, cuando nazca el bebé vas a seguir jugando conmigo? -Preguntó la pequeña Paula- 
-Claro que sí mi vida. -Besó su mejilla- 
Pues pasamos toda la tarde así, con nuestros sobrinos, viendo una película, comiendo palomitas, que le apetecían a Malú, ya empezaba con los antojos, abrazados a ella, así se encontraban los pequeños, a mi me habían dejado en una esquina del sillón solo. Paula empezó a pasar su mano por la barriga de Malú. 
-Tita te has comido al bebé? -Dijo la pequeña- 
-No -Echó una fuerte carcajada- 
Todos reímos, la pequeña era muy inocente aún, con tan solo tres añitos, aún no sabía nada, pero el pequeño Marco también empezó con sus preguntas. 
-Y por donde va a salir el bebé? ¿Y si se hace pipí en tu barriga? 
Malú reía, reía sin parar, yo igual. Los pequeños nos miraban extrañados, les dije que algún día se lo explicaría, que siguieran tumbados en el sillón. Quedaron dormidos en el sillón, minutos después vino mi hermana a recogerlos, la ayudé a meterlos al coche y le conté la noticia a mi hermana, que se alegró muchísimo, me despedí de ella y me metí para dentro. 
Malú estaba más animada, mucho más que esta mañana. Ella le contaba la noticia a todos sus amigos, ahora si la veía más entusiasmada. 

sábado, 29 de marzo de 2014

Capítulo 21.

Malú se quedó mirándolos, a la pequeña Paula que estaba abrazada a ella y a Marco que estaba con su cabeza apoyada en su pecho. Ella sonreía, sonreía a más no poder. Fuimos a despertar a los pequeños, ya que mi hermana vendría a por ellos en un par de horas. Ella se encargó de despertar a Paula y yo de despertar a Marco.
-Buenos días princesita. -Le dijo a Paula, la cual tardó en despertar, pero al despertar soltó una breve risa y un -Te quiero tita- Esas palabras la hicieron emocionarse, lo sé porque al mirarla una lagrima bajaba lentamente por su mejilla y tenía una enorme sonrisa dibujada en su boca.
-Buenos días Marco. -Besé su mejilla-
-Déjame dormir. -Se escondió bajo las sábanas-
-¿Nos vamos a jugar a fútbol? -Sonreí-
El pequeño, tras escuchar estas palabras salir por mi boca, se levantó rápidamente y empezó a saltar en la cama, Marco adoraba el fútbol, desde que comenzó a andar ya tenía un balón en sus pies, empecé a vestir rápidamente a Marco y a la pequeña Paula la vestía Malú. Habían congeniado muy bien, mi sobrina Paula ya no quería saber nada de mi, solo decía que con su tita.
Terminé de vestir a Marco y bajamos a la cocina para desayunar, el pequeño se tomó un vaso de leche con cereales. Más tarde bajó Paula en brazos de Malú, iban preciosas, la pequeña con un vestido rosa y dos coletas y Malú, bueno ella siempre va preciosa, se ponga lo que se ponga. Siempre luciendo esa sonrisa, que tan enamorado me tenía.
-Marco y yo nos vamos a jugar a fútbol un rato, os venís? -Pregunté-
-Siii. -Respondió Paula-
-Mario, ve tú con ellos, tengo que hacer varias cosas. -Respondió con una sonrisa-
Así fue, terminó de desayunar la pequeña y cogí a mis sobrinos de la mano y los llevé a un parque que había a unos minutos de la casa, me quedé pensativo, que cosas tenía que hacer? me preguntaba una y otra vez en mi cabeza, ella no me había dicho nada el día anterior de que tuviera algo que hacer, no quise darle mucha importancia. Llegamos al parque y comenzamos a jugar, el pequeño le daba patadas al balón y yo corría detrás de el, para intentar quitárselo, Paula estaba en el columpio de al lado, la veía perfectamente.
-Tito a que no me la quitas. -Reía Marco-
Salí tras él y lo cogí en brazos, el chillaba y me intentaba arañar, lo bajé y continuamos jugando. Me sonó el móvil y rápidamente le hice a mi sobrino un gesto con la mano para que se esperara.
-¿Está mi hermana contigo? -Preguntó José-
-No, que ha pasado? -Empecé a preocuparme-
-Nada, solo que no me cogía el teléfono. Jesús me lo llevo a comer, que viene Rubén.
-Vale. -Me despedí de él-
A los minutos me llegó un mensaje de Malú al móvil.
-Te he dicho alguna vez, lo mucho que te quiero? -Me preguntó, me había extrañado bastante su mensaje, ella no solía decirme así sin motivo un te quiero-
-No, no lo recuerdo. Yo a ti también cariño. -Le respondí-
-Pues te lo digo ahora, te quiero mucho.
Me salió una sonrisa, como siempre, ella era capaz de alegrar hasta mis días más tristes y complicados, estuvimos bastante tiempo jugando en el parque, Paula empezaba a renegar diciendo que quería irse con su tita y Marco, bueno él no quería irse. De camino a casa, les compré unas pocas de chucherías a los pequeños, que les salió una sonrisa enorme. Llevé a Paula en brazos, me estaba llenando de azúcar la camiseta, sin que se diera cuenta, antes de entrar a casa, le dí un bocado a su chuchería, ella me miró y me tiró del pelo, era pequeña pero matona, Marco empezó a reír, él si me dio de sus chucherías. Llegamos a casa y rápidamente la pequeña Paula empezó a gritar. -Tita, tengo chuches.
Empecé a reír, salió Malú del aseo, estaba emocionada, una lagrima bajaba por sus mejillas y tenía una sonrisa enorme.
-Cariño, ¿Qué te pasa? -Pregunté mientras la cogía de la cintura para abrazarla-
-Estoy feliz, tengo al hombre que más quiero a mi lado. -Tras estas palabras me acerqué a sus labios y deposité un beso lento pero con mucha pasión-
-Tita, nos ayudas a pintar? -Preguntó la pequeña-
-Claro. -Sonrió-
Se marchó con ellos y se pusieron a pintar, a los minutos después la llame. Ella se acercó a mi, que yo seguía en la cocina.
Tiré de su brazo, acercándola más y más a mi rodeando con mis brazos su cintura, acercándome a sus labios que tan solo estaban a unos milímetros de los míos, empecé a besar sus dulces labios.
-Pero tu estás loco? -Me preguntó entre risas-
-Tú me tienes loco. -Sonreí-
Ella se mordió el labio inferior y puso sus manos en mi cuello, volví a su boca, después de haber visto como se mordía el labio inferior era imposible no volver a juntar sus labios con los míos.
-Cada día que pasa me enamoras más y más, tengo claro que eres la mujer con la que quiero formar una familia. -Sonreí a tan solo dos centímetros escasos de su boca-
-La formarás, más pronto de lo que tú piensas. -Depositó un último beso en mis labios y me arrastró del brazo hasta donde estaban mis sobrinos-
Allí sentó a Paula encima de sus piernas, sonrío y me miró.
-¿Me quedan bien?
-Tita, yo quiero un primo. -Dijo Marco-
-Lo tendréis pronto. -Sonrío-
Después de que salieran esas palabras por su boca, me quedé pensando, ¿pronto? enserio había dicho eso, ¿por qué?. Yo aún seguía dándole vueltas a la cabeza, ¿había sido una indirecta?, podría ser. Minutos después, había llamado mi hermana al timbre y se llevó a los pequeños, que estos se despidieron con un enorme abrazo hacia Malú y después corrieron para darme otro a mi.
-Tita, nos podemos quedar otro día y dormimos con vosotros? -Preguntó Paula-
-Claro, pero pronto no vamos a caber todos en la habitación. -Sonrío, tras estas palabras mi hermana Irene me miró y frunció el ceño, los pequeños se fueron minutos después.
Ahora sí, mi cabeza estaba llena de dudas, no sabía si preguntarle por que había estado diciendo todas esas indirectas, no sabía que hacer, quería formar una familia con ella, pero ella nunca me había dicho nada de querer formarla conmigo, pues yo seguía con dudas, dudas de saber si ella quería que yo fuera el padre de sus hijos, no podía más, la cabeza me iba a explotar, tenía un jaleo impresionante. Sus palabras daban mil vueltas en mi cabeza y yo seguía sin encontrar respuestas.
Subí al dormitorio, quería acostarme y pensar mejor, al llegar allí, en la mesilla había algo, cuando lo miré no pude evitar emocionarme, me senté en la cama y lagrimas de emoción bajaban por mi rostro.

jueves, 27 de marzo de 2014

Capítulo 20.

Pasamos la tarde contándonos cosas, mi hermana me contó que es lo que había estado haciendo durante estos dos años, había estado en Nueva York, su marido encontró trabajo allí y tuvieron que irse a vivir. Pero hace poco se vinieron de vuelta a España, ya que lo pilló con otra mujer, ahora mi hermana está aquí con los tres pequeños, me dijo en varias ocasiones que estaba sola, pero no, no está sola ni nunca lo estará, aquí me tiene, para todo, para cuidar de los pequeños, para ayudarla. Es mi hermana y no voy a permitir que esté triste ni nada, porque os puedo asegurar que es una persona maravillosa y tiene una sonrisa que vale millones, una sonrisa que cuando sonríe inmediatamente te sale a ti una sonrisa de oreja a oreja. 
-Bueno, nosotros nos tenemos que ir ya. -Dijo Irene- 
-Marco y Paula empezaron a llorar-
-Déjalos que se queden a dormir. -Le respondí, abrazando a los dos pequeños- 
-Está bien, mañana por la mañana vendré a por ellos. -Dijo mientras cogía al pequeño Daniel de los brazos de Malú- 
Mi hermana se marchó, Paula y Marco empezaron a saltar y a dar palmas, Malú sonreía, su mirada brillaba cada vez más, miraba a los niños y se le salía una pequeña sonrisa. Era increíble la forma en la que los trataba, la forma en la que había conseguido que el pequeño Daniel se calmara y se durmiera en sus brazos, la forma en la que abrazaba a Paula, con la que estuvo jugando bastante tiempo. Paula bajó y se sentó a mi lado, después bajó Malú. 
-Tito, me encanta jugar con tu novia. -Me susurró en el oído para que Malú que estaba a nuestro lado no nos escuchara- 
De repente, tras decir estas palabras la pequeña Paula la abrazó y Malú sonrío, más fuerte que nunca, su mirada comenzó a brillar, se notaba que le encantaban los niños, mi sobrina le había cogido mucho cariño a ella, en tan solo unas horas, era increíble. Las dos mujeres más importantes de mi vida, ahí estaban abrazadas. 
-Tita, tengo hambre. -Le dijo Paula a Malú, que la descolocó, no se esperaba que la llamara tita- 
Malú la cogió en brazos y se dirigieron a la cocina, donde cerraron la puerta y no dejaban entrar a nadie, lo intenté en varias ocasiones, pero no conseguí entrar, se les escuchaba reír, reír bastante. Logré escuchar en varias ocasiones. -Tita, que se quema. Esas palabras me hicieron sonreír, Paula era muy cariñosa y esta noche lo estaba demostrando. Bajaron de la habitación José, Jesús y el pequeño Marco. Mi hermano Jesús llevaba una mochila con su ropa, se iba a dormir a casa de José, me despedí de ellos y cogí a mi sobrino en brazos. 
-Marco, tenemos que conseguir entrar en la cocina, tenemos que ver que están haciendo para cenar. -Le miré y sonreí- 
-Vamos tito, somos dos espías. -Sonrió el pequeño- 
Así fue, abrimos la puerta de la cocina muy despacio y el pequeño Marco se metió debajo de la mesa que había, como era tan pequeño no se le veía. 
-Tito, ven, ahora tú. -Susurró- 
Le hice caso, intenté meterme tras la mesa, era imposible, nos acabarían pillando y así es, un pequeño golpe me di en la cabeza y Paula inmediatamente al escucharlo se agachó y nos pilló. 
-Tita, tita, nos estaban vigilando. -Rió- 
Salimos de debajo de la mesa, nos habían pillado, olía muy bien, al fin vimos lo que estaban preparando para cenar, unos macarrones con salsa. Sé que llevaban salsa, porque Paula llevaba toda la boca llena de tomate, iba tan graciosa, con su pelo rizado rubio, sus dos coletas, su sonrisa pícara y sus ojos azulados. 
Marco inmediatamente al verla a Paula, cogió corriendo y probó la salsa de tomate, también se manchó toda la boca, me hacía gracia verlos así, llenos de tomate. Marco era más revoltoso que su hermana, era un pequeño terremoto. Malú cogió una servilleta y les limpió la boca a los dos pequeños, estos seguidamente la achucharon. No hacía falta ninguna palabra, la miré y ella me devolvió la mirada con una sonrisa enorme. Terminaron de hacer la cena, Marco y yo pusimos la mesa y una vez que la pusimos nos sentamos todos a cenar.
-Mmm, están buenísimos. -Exclamé-
-Tito, los he cocinado yo. -Dijo la pequeña, para llevarse todo el mérito- 
-Tito y tú tienes hijos. -Preguntó Marco-
-No, aún no. Pero os tengo a vosotros enanos. -Sonreí- 
-Malú y que te gusta hacer. -Preguntó Paula- 
-Jugar con una niña tan guapa llamada Paula. 
-La pequeña sonrió y la abrazó- 
Terminamos de cenar, subí con el pequeño Marco para darle una ducha. La pequeña no quería que la duchara yo, quería que la duchara Malú. Cómo teníamos dos baños, entramos a que se ducharan uno en cada baño, el pequeño Marco me dijo que hiciéramos una carrera que les íbamos a ganar y así es. 
-Preparados para perder. -Gritó Paula, desde el otro baño- 
-Un, dos, tres. Ya. -Exclamó Marco- 
Empecé  mojando su pelo rubio y echándole champú por todo el pelo, acompañado de un pequeño masaje en la cabeza, rápidamente de un chorro de agua que le quitaba todo el champú del pelo. Terminamos unos minutos más tarde, lo saqué de la ducha y lo rodeé con una toalla. Sequé su pelo rubio, y todo su cuerpo y seguidamente le puse el pijama. Mientras yo recogía el baño, el salió de él gritando. -Hemos ganado. -Reía- 
La pequeña Paula salió un poco después en los brazos de Malú. 
-Tita, podemos ver los dibujos. -Sonrió Marco, que se dirigió a Malú- 
-Claro que si. -Le sonrió ella- 
Nos sentamos en el sillón los cuatro, Paula acurrucada en los brazos de Malú y Marco con su cabeza en mi pecho, echaron pequeñas carcajadas con los dibujos, a día de hoy, puedo decir que el sonido más bonito es la risa de mis sobrinos, una risa tan peculiar que nos hacía sonreír a ella y a mi. Pasaba el tiempo, Malú me miraba y sonreía, los pequeños se habían quedado dormidos encima de nosotros, lo mejor del mundo. Los cogimos en brazos y entramos a la habitación de Jesús y los acostamos en la cama a los dos pequeños, Malú los arropó y les besó la mejilla a cada uno, salió de la habitación con una sonrisa enorme, la miré y sonreí, la cogí de la cintura y besé sus labios, los echaba de menos. 
Fuimos al salón, nos volvimos a tumbar en el sillón, esta vez la que estaba apoyada en mi pecho era ella. Hacía círculos con sus dedos en mi pecho desnudo. 
-Me encantan tus sobrinos, son puro amor. -Susurró- 
-Querrás decir nuestros sobrinos. -Sonreí- 
La levanté un poquito para poder besar sus labios, perdiéndome locamente en ellos, volviendo a unir nuestras lenguas que ya se echaban de menos, recorriendo cada centímetro de su piel con mis dedos, depositando pequeños besos en su cuello, mordiendo su labio inferior, ella tan solo sonreía, su sonrisa lo decía todo. La cogí en brazos y la subí al dormitorio, no pesaba mucho, un poco más que mis sobrinos, llegamos allí y me tumbé encima de ella, besando su pecho desnudo, subiendo al cuello, acabando en la boca, pasando mis manos por su cintura desnuda, ella pasaba sus manos por mi pelo, se escucharon un par de gemidos, volví a su boca, esa boca que me volvía loco, que me hacía perder el control rápidamente, volví a ella y entrelazamos nuestras lenguas, nuestras bocas encajaban perfectamente, como si de unas piezas de un puzzle se tratase. Quedamos dormidos, el uno encima del otro, una pequeña voz nos despertó de madrugada. 
-Tita, tengo miedo. -Dijo la pequeña Paula- 
-No la despiertes anda, venga acuéstate aquí. -Le dije- 
-Ven, ponte aquí a mi lado pequeña. -Contestó Malú que ya se había despertado- 
Volvimos a quedar dormidos, pero al despertar no estábamos solos, el pequeño Marco también estaba con nosotros, estaban los dos pequeños abrazados a ella, a mi casi me tiran de la cama. Me levanté sin hacer mucho ruido y me quedé observándolos durante un largo período de tiempo. Cogí el móvil y sin pensarlo les eché una foto. Se me olvidó quitar el flash y hizo que se despertara Malú, que los vio a los dos acurrucados, abrazados a ella, me miró, sonrió y me dijo -Que bonito despertarse así. 
Yo solo sonreí, no tenía palabras. Malú estaba encantada con Paula y con Marco.  

miércoles, 26 de marzo de 2014

Capítulo 19.

De camino a casa, no pronunciamos palabra, había un silencio bastante incómodo, estaba apoyado en la ventanilla, con los ojos cerrados, pensando en todo lo que había ocurrido ese día, pero más todavía en la conversación con sus padres y José, la verdad es que a mi los niños me encantan, en mi última relación, la cual estuvimos juntos 3 años, a mi ex no le gustaban los niños, decía que no quería ser madre. La verdad, es que no la entendía, los niños es lo más bonito del mundo, son los que te alegran el día a todas horas, mientras estaba con ella tenía que conformarme con tener a mi hermano Jesús y a mis sobrinos. Sí, tengo una hermana mayor, la cuál desapareció de nuestras vidas cuando nuestra madre murió, se marchó sin decir palabra, ni nada. Perdimos el contacto, por desgracia, Jesús estaba encantado con sus sobrinos pequeños, siempre jugaba con ellos, veraneábamos juntos, etc. Intenté localizarla en varias ocasiones, pero fue imposible, era cómo si se la hubiera tragado la tierra.
Abrí los ojos, ella estaba concentrada en la carretera, nunca me deja conducir, la miré y una sonrisa apareció ligeramente en mi rostro. Rompí ese silencio, ese incómodo silencio.
-¿Y cuántos hijos tendremos? -Dije, pero al instante me arrepentí, no debía de haber dicho eso-
-¿Tendremos? -Me miró y soltó una sonrisa pícara-
-Bueno, tenerlos los vas a tener tú. Es imposible que los tenga yo, te lo recuerdo.
-Ella soltó una pequeña carcajada-
-¿Pero cuántos? Yo quiero una mini María Lucía.
-Idiota. -Rió-
No me contestó a la pregunta, no le di importancia, llegamos a casa y allí nos tumbamos en el sillón, ella apoyada en mi pecho desnudo pasando sus dedos por mi abdomen, esta vez fue ella la que empezó a preguntar.
-¿Por qué rompisteis tu ex y tú? -Acarició mi abdomen-
-Me cansé, me cansé de dar todo por alguien que no da nada por ti. No era la mujer de mi vida, aún no la había encontrado, pero ya la encontré.
-¿Y quién es, si se puede saber? -Suspiró-
-Te quiero. -Le susurré-
Pasamos la tarde así entre preguntas y preguntas, abrazados. Una pregunta, la verdad es que hizo que me descolocara un poco, que se me vinieran mil recuerdos a la cabeza.
-Jesús me comentó un día, que teníais sobrinos, es verdad?
-Sí, bueno. Hace dos años que no los vemos, mi hermana desapareció de nuestras vidas, sin dar una explicación. Echo de menos, no estar en sus cumpleaños, el día de reyes..
-¿Qué edades tienen? -Me abrazó-
-Pues ahora tendrán, 3 la pequeña Paula y 5 el pequeño Marco. -Cogí el móvil y le enseñé una foto que tenía de ellos, la última foto que les eché. Estaban más pequeños, pero seguro que igual de preciosos-
-Son preciosos, Marco se parece a ti, tiene los mismos ojos azules que tú. -Sonrió-
Sonó el timbre y rápidamente fui a abrir, era Jesús que iba acompañado de José.
-¿Qué hacéis aquí? -Sonreí-
-Tengo que hablar contigo, esta mañana te mentí. -Respondió Jesús-
Cerré la puerta y me senté en el sillón, también se sentó José al lado de Jesús y Malú a mi lado, la verdad es que me puse bastante nervioso, Jesús nunca me había mentido, ¿Por qué lo había echo?.
-A ver, cuando acabamos de grabar la final, no llamé a un amigo.
-¿A quién llamaste? -Respondí-
-Hace unos días, contactó conmigo, me vio en el anuncio de La voz Kids y me llamó.
-¿Quién? ¿Quién? -Volví a repetir-
-Irene
-¿De verdad? -Sonreí- ¿Y te ha mandado alguna foto de los pequeños o algo?
-Sí, volvemos a ser titos. -Sonrió-
-Otra vez, -Reí-
Sacó su móvil y me enseñó las fotos que le había mandado nuestra hermana, estaban preciosos, Marco seguía igual que hace dos añitos, con la misma cara de niño pillo, Paula había cambiado un montón, estaba preciosa, la última vez que la vi, aún no sabía hablar muy bien, tenía un lenguaje difícil de entender. Al ver a mi nuevo sobrino, Daniel, me entraron muchísimas ganas de ser padre, de tener a un pequeño que corra todas las noches a nuestra cama por que tenga miedo.
-Hermanita, no te están dando ganas de ser madre, viendo las fotos de tus nuevos sobrinos. -Rió José-
Ella no respondió, simplemente se mordió el labio inferior. Estuve hablando con Jesús, le hice millones de preguntas, él respondía a todas, más tarde me dio el teléfono de nuestra hermana y decidí llamarla, estaba nervioso, me temblaban las piernas, tenía sudores fríos.
-¿Quién es?
-Irene, soy yo.
-Mario, eres tú?
-Sí, podemos quedar para hablar? -Le pregunté-
-Claro, dame tu dirección y a las 7 estoy allí.
-Tráete a los pequeños, por favor. -Reí-
-Claro que los llevaré. -Rió-
Le dí la dirección y en menos de dos horas iban a venir a casa, estaba un poco más tranquilo, los sudores fríos habían desaparecido, al fin.
-Bueno, nosotros nos vamos a ir, entonces. -Dijeron José y Malú-
-¿Donde creéis que vais vosotros? -Reí-
-Mario, no pintamos nada aquí. -Dijo José-
-Quedarse, José, tu eres como un hermano para mi. -Respondió Jesús- y bueno a Malú la quiero muchísimo, como una hermana más, quizás como a una madre. -Sonrió-
Jesús los hizo cambiar de opinión y se quedaron. Malú me abrazó, seguidamente de un beso ligero en los labios.
-Hay menores delante, todos esos besos esta noche, cuando no estemos nosotros. -Dijo Jesús-
Un cojín salió disparado a su cara, pero él lo esquivó rápidamente. Sonó el timbre y Jesús salió corriendo a abrir. Entró mi hermana y los pequeños, Daniel iba en sus brazos, Paula iba detrás de ella, era muy tímida. Y Marco entró corriendo.
-Tito tito. -Se lanzó a mis brazos, el pequeño Marco-
Saludé a mi hermana y a los pequeños, Daniel subió corriendo a la habitación con Jesús para jugar a las consolas, José subió detrás de ellos.
-Irene, ella es
-Malú, la conozco, pero que hace aquí. -Respondió con una leve sonrisa-
-Malú y yo estamos saliendo juntos. -Reí-
Cogí a Paula en brazos y empezó a soltar cosas por su pequeña boca, esta vez si se la entendía.
-Bájame o lloro. -Decía la pequeña-
Le hice caso, no quería que empezara a llorar, por que ya estaba llorando el pequeño Daniel, que tenía 5 meses.
-Puedo cogerlo? -Preguntó Malú-
-Claro. -Respondió mi hermana, dejándolo en sus brazos-
La miré y no pude evitar sonreír, lo había conseguido, había conseguido que Daniel se calmara, cosa que parecía imposible, porque mi hermana había dicho que lloraba mucho. Pues en los brazos de ella se calmó, se quedó tranquilo, muy tranquilo, incluso se quedó dormido minutos después.

lunes, 24 de marzo de 2014

Capítulo 18.

-Narra Mario- Fui un idiota, al dejar el ramo de rosas y la nota en la almohada y al darme la vuelta para irme, me tropecé y le di un codazo a la lámpara que había encima de la mesilla y cayó al suelo, ella rápidamente abrió los ojos.
-¿Qué haces? -Dijo sonriendo-
-Intentaba darte una sorpresa, pero veo que no ha podido ser. -Reí-
-Qué sorpresa, que dices. -Rió-
-¿Malú, estás ciega? -Volví a reír-
-Me has roto la lámpara. ¡Vaya sorpresa!
-Eché una pequeña carcajada- Malú, a tu derecha. -Salí de la habitación lo más ligero que pude-
Llegué a la cocina y preparé unos cafés, el aroma a café inundó la cocina, apareció ella, con una sonrisa pícara, con su mirada clavada en la mía, con el ramo de rosas en su mano derecha y la nota en la izquierda. Nos mirábamos y sonreíamos, no hacía falta ninguna palabra, nuestras miradas lo decían todo. Ella seguía apoyada en el marco de la puerta sonriendo, me encantaba verla así, tenía la sonrisa más bonita del mundo no lo digo por que sea mi novia, si no porque es verdad, jamás había visto una sonrisa así, que con verla sonreír te volvía loco, loco por ella. Se acercó a mi, dejando lo que llevaba en las manos encima de la mesa sentándose en mis piernas, susurrándome en el oído -Gracias por todo, te quiero. La verdad es que no entendía el por qué de las gracias, se las debería de dar yo a ella, por todo lo que hace por mi. Miré sus labios, los tenía a unos pequeños centímetros de los míos, me acerqué a su boca tímidamente, besando sus labios que tanto me gustaban, un pequeño movimiento que hizo ella, me hizo saltar de la silla, el café que estaba en la mesa, recién hecho, había caído en mi abdomen desnudo por suerte no le dio a ella.
-Quema, quema. -Grité-
-Fue corriendo a por un paño de agua para ponerlo en mi abdomen- Perdón, ha sido culpa mía. -Reía-
-Ah, qué encima te ríes? -No reí, mi cara estaba muy seria, la verdad es que estaba exagerando, el café llevaba un buen rato hecho y ya no quemaba-
-No querrás que llore, anda perdóname. -Puso cara de niña buena-
-Perdonada estás, aparta el paño de agua de mi abdomen que me está entrando frío.
-Pero no te habías quemado? -Sopló-
-La verdad es que no, quería ver tu reacción. -Reí-
-Idiota. -Lanzó el paño de agua a mi cara y salió por la puerta-
-Sí, pero este idiota se muere por tus huesos. -Salí detrás de ella, la cogí del brazo y volví a su boca, esa boca que tanto me gustaba, sus besos eran como una droga, una vez que los pruebas, no puedes parar.
Sonó el timbre, fue ella rápidamente a abrir la puerta.
-Hermanita, que haces todavía sin vestir? -Sonrió José-
-Joder, es verdad. La final. -Dijo ella, que subió rápidamente al dormitorio a vestirse-
Yo la verdad es que tampoco me acordaba de la final, andaba muy despistado últimamente.
-Jesús donde está? -Pregunté-
-En el coche, vais a llegar tarde.
Ella bajo rápidamente las escaleras, se puso lo primero que pilló, total, allí tendría que volverse a cambiar, cerramos la puerta y nos fuimos. Jesús estaba un poco nervioso, se le notaba en la cara, pero a la vez estaba tranquilo, Malú le había dado mucha confianza a Jesús.
-Qué canción vas a cantar? -Pregunté-
-Perdóname. -Soltó Malú-
-Qué te perdone por qué?
-Idiota, que es la canción que va a cantar. -Rió-
José reía, sin apartar la vista de la carretera, se ofreció a llevarnos, Jesús echó una carcajada, la risa de mi hermano era el sonido más bonito del mundo. Esa canción me gustaba mucho. Llegamos allí, Malú me guiñó un ojo y salió ligera para reunirse con Rosario y David y cambiarse de ropa, peinado etc. Entré a plató, me senté al lado de los padres de una compañera de Jesús, a la media hora aparecieron ellos, primero David, acompañado de Rosario y por último Malú, iba espectacular, un vestido negro ajustado, unos tacones bastante altos y una coleta, iba preciosa, una sonrisa pícara me salió rápidamente cuando la vi. No podía dejar de mirarla, me hipnotizó. Empezó el equipo de Bisbal, seguido del de Rosario y la última ella. Salieron los tres finalistas de su equipo, Jesús, acompañado de dos chicas y apareció Malú, cantando con ellos una canción de su nuevo disco. Cada palabra que pronunciaban Jesús y ella, hacía que mi piel se fuera erizando más y más, hasta la sensación de tener frío. Las dos personas más importantes de mi vida, allí estaban, cantando juntos. Jesús disfrutó muchísimo la actuación, al lado de Malú y de sus dos compañeras, que eran un poco más pequeñas que el. Terminaron de cantar la canción y ahora llegó el momento, primero aparecieron sus compañeras, lo hacían muy bien, la verdad. Apareció él, miré a Malú y vi que le hizo un gesto para que se relajara, le veía muy nervioso, es verdad. Pero al empezar la canción se fue relajando más y más hasta hacer que todo el público al acabar la canción gritara su nombre, Malú con lagrimas en los ojos, Rosario también y David gritaba. -Brutal, este niño es brutal. -Decía-
-Eres un monstruo, ole tú. -Gritaba Rosario-
-Increíble, lo has echo muchísimo mejor que en el ensayo, me has dejado sin palabras. -Decía ella, mientras el presentador le daba un pañuelo para secarse las lagrimas-
Mis ojos brillaban más que nunca, ver a mi hermano encima de un escenario, cumpliendo su sueño, el público gritando su nombre y que tres grandes de la música le digan eso a mi hermano, increíble, durante toda la actuación estuve con la piel erizada. Salieron los tres finalistas de su equipo, era hora de elegir al finalista. Ella pidió ayuda a Rosario y a David, yo miraba a Jesús y le guiñaba el ojo.
-Decir, que habéis estado los tres increíbles, pero es que yo desde el primer día que escuché su voz me enamoré, esta noche me ha echo emocionarme y yo creo que lo más justo es que pase a la final Jesús. -Dijo ella-
Jesús empezó a saltar y a derramar lagrimas de emoción por su mejilla, salió corriendo a abrazarla, yo empecé a llorar también, lagrimas de emoción, de ver a tu hermano triunfar en lo que más le gusta, tenía la cabeza agachada, la levanté un instante para quitarme las lagrimas de los ojos y mirar a mi hermano y vi que ella me estaba mirando, sonriendo como siempre, una sonrisa se me escapó. Jesús se despidió de sus dos compañeras que lo habían echo muy bien y se fue a descansar unos minutos, después tenía que volver a salir. Unos minutos más tarde salió Bisbal cantando con su finalista, una niña de once años, cantaron una canción juntos y después cantó la pequeña sola. Lo mismo con Rosario y su finalista, que sorprendió a todos con una canción de Niña Pastori. Después salió Jesús y ella, cantando Ni un Segundo, una de las canciones que más me gustaban de ella, volvieron a hacer que mi piel se erizara, fue brutal la actuación. Al terminar se abrazaron más fuerte que nunca y yo no pude evitar emocionarme. Unos minutos después, cantó mi hermano un tema de Alejandro Sanz, amiga mía. No sabía que iba a cantar esa canción y la verdad es que me sorprendió mucho, lo hizo genial, brutal, perfecto, llamarlo cómo queráis. El público volvía a corear su nombre, todos le aplaudían muy fuerte, Malú sonreía sin parar y Jesús también. Salieron los tres finalistas de los tres equipos, el público empezó a votar, Malú estaba apoyada en el hombro de Jesús, leí sus labios y le decía a Jesús -No pasa nada, pase lo que pase, eres mi ganador. Jesús le sonrió y me miró guiñándome el ojo, estaba nervioso, tenía los brazos cruzados, los ojos medio cerrados, su pie no se estaba quieto, daba pequeños golpes en el suelo, llegó el momento.
-Y el ganador de La Voz Kids es.... Jesúuuus. -Gritó el presentador-
Jesús cayó al suelo de rodillas, llorando como un niño pequeño, no se lo podía creer, Malú lo levantó y empezaron a saltar, iban abrazados, no se soltaban. Yo seguía ahí, sentado, con lagrimas de emoción. Después de tanto tiempo, al fin mi hermano puede cumplir su sueño sin que nadie, ni mucho menos mi padre se lo prohíba. Le entregaron el premio y él aún seguía sin creérselo. Minutos después, por fin pude abrazarlo, lo abracé muy fuerte, casi lo dejo sin respiración, no me acordaba del dolor de mi costado, ya casi no me dolía, ya no tenía mucha importancia. Estuve abrazado a él unos minutos. Seguidamente cogió el teléfono y llamó a alguien, no se a quien. Yo la buscaba con la mirada, no la veía, de repente alguien me tocó por la espalda me giré y allí estaba ella, tan guapa como siempre, con esa sonrisa que enamoraba a cualquiera, me dio dos besos en la mejilla, tenía que disimular, había bastante gente en el plató. Salimos de allí, habíamos quedado con Malú un poco después para irnos a comer a casa de su hermano.
-A quién llamaste? -Pregunté-
-A un amigo -Sonrió-
Llegamos a casa de José, no estaba solo, estaban sus padres junto a él, ya teníamos más confianza con ellos, Jesús se fundió en un fuerte abrazo con Pepe. Yo le dí dos besos en la mejilla a Pepi.
-Estás mas delgado que la última vez que te vi, comes bien? -Preguntó-
-Si, si que como bien. -Reí-
-Mamá, déjale, ya se encarga tu hija de que coma bien. -Echó una carcajada-
Llamaron al timbre, abrió Jesús, que volvieron a abrazarse. Saludó a sus padres y a su hermano y después vino a mi, depositando un beso ligero en mis labios.
-Mira mamá tu hija, está locamente enamorada. -Rió José-
-Idiota, déjame que estoy feliz. -Rió-
Un poco después fui a la cocina, allí estaban Pepi y Malú, estaban hablando.
-Perdón, no sabía que estabais hablando, ya me voy.
-No, pasa pasa. -Dijo Pepi-
-Mi madre, que dice que si eres romántico. -Rió-
-Ah, pues no lo sé, díselo tú -Sonreí-
Mantuve una conversación larga con Pepi y ella, le contó a su madre lo que le había llevado esta mañana para que despertase y más cosas sobre mi. Nos sentamos a comer, habían echo un puchero, de esos de los que tan  bien me habla Malú. Estaba riquísimo, me recordaba mucho a cuando era pequeño y lo hacía mi madre.
-¿Mario quieres más? -Dijo Pepi-
-No, gracias. -Reí- Estaba muy bueno.
-No come nada este chiquillo, hija dile que coma, que se queda en los huesos. -Se dirigió a Malú-
Todos echaron una carcajada, me hacía gracia el acento con el que lo decía.
-Jesús te quedas hoy a dormir? -Preguntó José-
-Asintió Jesús-
-Tenemos que dejar que celebren esta noche tu triunfo. -Rió José-
-Imbécil. -Respondió Malú, tirando un trozo de pan a la cabeza a su hermano-
-Hija, haber que hacéis. -Rió Pepe-
-Eso, que luego me aparecen sobrinos así de repente. -Rió José-
-Pues yo si quiero un nieto. -Respondió Pepi-
Yo estaba callado, solo sonreía. Malú me miraba y sonreía.
-Mario, yo quiero un sobrino. -Dijo Jesús-
-Come y calla. -Le respondí entre risas-
-Malú se muere por ser madre, así que ya sabes Mario. -Dijo José-
-Tú te callarás algún día. -Le respondió Malú-
Fue una comida bastante graciosa, Malú se peleaba con su hermano, Pepi decía que quería nietos, Jesús quería un sobrino, Pepe decía que haber que hacíamos, fue un show de comida, me lo pasé muy bien, ya tenía mucha más confianza con ellos. Llego la tarde, y nos fuimos Malú y yo a casa, Jesús se quedaba a dormir con José, últimamente siempre estaban juntos.


sábado, 22 de marzo de 2014

Capítulo 17.

-Narra Mario- Vino Malú a recogerme, me esperaba dentro del coche, llevaba unas gafas de sol para que nadie la reconociera, aún caminaba con la mano en el costado, me seguía doliendo, bastante. Subí al coche, ella me recibió con la mejor sonrisa del mundo. Me senté como pude, cualquier movimiento que hacía me dolía más y más el costado.
-Te echado de menos. -Le dije-
-Todo este tiempo, he pensado en tu sonrisa y en tu forma de caminar. -Cantó-
Me encantaba verla sonreír, su sonrisa me hipnotizaba, me llevaba a las nubes. Me quedé mirándola, embobado.
-Mario, me estás escuchando? -Preguntó-
-Si, si. -La verdad es que no me había enterado de nada de lo que me había dicho-
-Y qué te he dicho? -Preguntó nuevamente sin quitar la mirada de la carretera-
-Que me quieres muchísimo.
-Yo no te he dicho eso. -Rió-
-Malú, no mientas. Si lo has dicho, no estoy loco. -Reí, pero al echar una carcajada me llevé la mano al costado y en mi cara se reflejó dolor, mucho dolor-
Llegamos a casa, Jesús salió corriendo para abrazarme, esta vez sí, el lo notó, me había dado en el costado y me había dolido bastante.
-Perdón -Dijo Jesús-
-No pasa nada feo.-Le dí un beso en la mejilla-
-Mario, vendrás mañana? -Preguntó-
-A donde?
-Es la final, he estado ensayando con José.
-Claro que iré enano.
La verdad es qué no me acordaba de la final, estos días andaba muy despistado. Fui a la cocina, allí estaba Malú, apoyada en la encimera mirando su móvil atentamente.
-¿Qué pasa Malú? -Le pregunté cogiéndola de la cintura-
-No, nada, no pasa nada. -Fingió una sonrisa-
Algo le pasaba, quizás no quería contármelo, pero la verdad por delante de todo siempre. Volví a insistir, pero esta vez me respondió un poco más borde, ya ni fingió una sonrisa, simplemente dijo.
-Qué no me pasa nada, joder.
Terminó de hablar y salí por la puerta, subiendo al dormitorio, me había molestado su respuesta, me duele que no confíe en mi, fuera lo que fuera yo iba a estar a su lado, apoyándola. Pero si no me lo quiere contar, allá ella. No pienso preguntarle más por eso, me encerré en el dormitorio, en ese momento no quería saber nada, cogí mi teléfono y vi que tenía varios mensajes, contesté a todos los que pude. Bajé al piso de abajo, me había entrado hambre, estuve bastante tiempo en el dormitorio. Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina, allí estaba ella, no estaba sola, esta vez estaba con su hermano. Entré y saludé a su hermano, ella ni siquiera me dirigió una mirada, ni una palabra, nada de nada.
-Mario, estás mejor? -Preguntó José-
-Sí, más o menos.
Ella seguía mirando su teléfono, cogí algo para comer, una pieza de fruta y me marché.
-Os dejo que habléis, que molesto.
-No, quédate. -Dijo Malú- Tengo que hablar contigo.
No me esperaba para nada su respuesta, le hice caso, me quedé, quería saber lo que me tenía que decir. Su hermano salió de la cocina y se marchó con Jesús que estaba en la habitación.
-¿Qué tienes que contarme? -Pregunté-
-Verás, lo primero de todo perdóname por haberte contestado así hace un rato, pero me había puesto nerviosa, no entendía el por qué del mensaje.
-¿Qué mensaje?
-Pues mi ex, me ha mandado un mensaje, dice que quiere verme, que tiene que contarme algo.
-¿Y vas a ir?
-No lo sé -Respondió-
-Cómo que no lo sabes, tienes ganas de verlo sí o no? -Fui subiendo la voz-
-Quedó callada-
-Responde, joder. -Soplé- ¿Sientes algo por él?
-No olvidas a alguien de la noche a la mañana. -Respondió-
-Pues no pienso ser tu segundo plato. -Me levanté y me fui-
Salí a la calle, sin rumbo alguno, antes de salir di un portazo, estaba enfadado, no quería ser el segundo plato de nadie, estando conmigo y aun siente algo por el, no. Yo también tengo sentimientos, no solo ella. Todos los `Te quiero´ todos los besos, las caricias, todo era mentira. Ya estaba cansado, cansado de que me utilicen, mi última novia también me utilizó para olvidar a su ex y no, no estaba dispuesto a pasar otra vez por la misma situación. Sufrí bastante en mi última relación y no estaba dispuesto a sufrir otra vez.
Caminaba por la calle, daba vueltas, mil vueltas, empezó a dolerme el costado, se me había olvidado tomarme la pastilla, tenía que ir a casa para ponerme la pomada y tomarme la pastilla, no tenía ganas de llegar y verla, tenía los ojos inundados, volví a tener miedo, miedo de perder otra vez a la persona que mas quería, miedo de despertar y no verla a mi lado, miedo a verla con otro que no fuera yo.
Llegué a casa, ella seguía en la cocina, sentada en la silla, en la misma posición con la que la había visto antes de irme. Entré sin decir nada, cogí la pastilla y un vaso de agua y me la tomé. Más tarde, cogí la pomada, me quité la camisa y me la eché, haciendo pequeños masajes en el costado, me dolía mucho, pero más me dolía verla sentada a ella ahí, con lagrimas en los ojos.
-Malú, estás bien?
No se ni por qué pregunté eso, fue una estupidez.
-¿Cómo quieres que esté bien, si nunca me dejas acabar las frases? -Salió una lagrima, que recorría su mejilla-
-Me acerqué a ella, quitando las lagrimas que bajaban por su mejilla- Perdóname soy así, lo siento.
-Lo que quería decirte es, que no olvidas a alguien de la noche a la mañana, pero yo lo olvidé enseguida, me hizo daño, mucho daño. Tú eres lo mejor que me ha pasado durante mucho tiempo, créeme si quieres, si no da igual.
-Te creo. Perdóname soy un imbécil. -Me acerqué a ella y la abracé-
Sus labios se acercaron a los míos lentamente, hasta que se juntaron. Nos besamos con mucha ternura, mucha pasión, sus manos recorrían por mi pecho desnudo, me susurró en el oído. -Eres tonto por creer que seguía queriendo a mi ex, te quiero a ti y solo a ti. Me hizo sonreír, me olvidé de todo lo que había ocurrido, volví a su boca, esta vez con más fuerza que nunca, por una vez, quería cambiar, cambiar mi forma de pensar, soy muy pesimista, lo veo todo en blanco y negro, siempre hay problemas y todo será por mi culpa si la dejara terminar las frases, no pasaría nada de esto. Subimos a la habitación, Jesús se había ido con José a su casa a dormir, habían congeniado muy bien. Se tumbó encima mía, depositando besos ligeros en mi pecho desnudo, bajando al abdomen, subiendo al cuello, terminando en la boca. Nuestros labios encajaban perfectamente, como un puzzle. Sentí su respiración en mi oído, me agitó de una manera descomunal, sentir su respiración era lo mejor que podía pasar, sentirla tan cerca, sentirla a tu lado. Acaricié su pelo, ella puso su cabeza en mi pecho y me abrazó, pasamos la noche abrazados.
Me desperté temprano, cuando los rayos de sol llegaron a mis ojos, como siempre, se me olvidó bajar la persiana, me levanté con mucho cuidado para no despertarla, me di una ducha rápida, me vestí y fui a una floristería, a comprar un ramo de rosas blancas. Llegué a casa, menos mal que aún seguía dormida, empecé a escribirle una nota.
Eres lo más bonito que me ha pasado en esta vida y eres tan increíble que aveces pienso que todo es un sueño. Cada momento a tu lado es especial, contigo me siento en el paraíso, llegaste a mi vida cuando menos lo imaginé y no quiero que te vayas jamás. Creí que no volvería a enamorarme, pero llegaste tú y todo cambió, te adueñaste de mi corazón, eres lo mejor de esta vida. No desde siempre, pero si para siempre. Te quiero. -Ponía en la nota, que dejé junto al ramo de flores en la almohada-

miércoles, 19 de marzo de 2014

Capitulo 16.

-Narra Mario- Nos dirigimos a casa de José, donde había pasado la noche Jesús. Durante el camino no pronunciamos palabra alguna, simplemente nos mirábamos y sonreíamos, echaba de menos su sonrisa, esa sonrisa que me encantaba. En ese momento no me salían las palabras, estaba feliz, por volver a estar a su lado. La razón por la que sonreía volvía a mi vida, la echaba tanto de menos que esa noche pasó de todo volvió a surgir la chispa que un día se apagó.
Llegamos a casa de José, allí estaba Jesús cantándose algo mientras que José le acompañaba con la guitarra.
A Jesús se le veía feliz, no paraba de reír, hacía tiempo que no le veía así.
-Cómo se ha portado Jesús? -Le pregunté a José-
-Bien, la verdad es que nos lo hemos pasado muy bien. -Rió-
-Mario, he quedado con unos amigos para jugar un partido. -Se despidió de mi depositando un beso ligero en mis mejillas y un abrazo-
Pasamos la mañana en casa de José, riéndonos y hablando de varios temas.
-Parejita, qué tal la noche de ayer? -Rió José-
No me esperaba para nada la pregunta de José, me quedé cortado, sin palabras, la miré y reí, su cara era de espectáculo.
-Eres un cotilla, no querrás que te contemos todo lo que pasó. -Rió Malú-
-Pues no estaría nada mal, soy tu hermano mayor, tendré que saber qué es lo que le haces a mi cuñado.
-Echó una fuerte carcajada-
-Yo no me río. -Dijo seria, yo me estaba conteniendo la risa, pero no podía más, se me escapó una pequeña carcajada-
La verdad es que José era muy gracioso, me hacía gracia la cara que le ponía su hermana cuando nos preguntó eso.
-Venga Mario, qué es lo que te hizo anoche? -Volvió a reír-
-Hermanito, te callas ya verdad? -Le preguntó, mientras un cojín salió disparado a su rostro-
Se había echo un poco tarde, se me había pasado el tiempo muy rápido, tenía que ir a por Jesús al parque, me despedí de ellos.
-Me voy a ir, que tengo que recoger a Jesús.
-Recógelo y comemos aquí todos. -Respondió José-
-Asentí con la cabeza-
Le dí un beso ligero en los labios a Malú y me marché a por Jesús.
Fui andando, el parque estaba a quince minutos de la casa de José, al llegar allí, de lejos vi a un hombre mayor, con barba. Que estaba cogiendo de la camiseta a un niño, no distinguía bien su cara. Me acercaba más y más hasta que logré reconocer las caras de los dos. Fui corriendo, se me salía el corazón por la boca, no podía creerlo, era mi padre cogiendo de la camiseta a Jesús.
-¿Qué estás haciendo? -Aparté a Jesús de mi padre-
-Se viene conmigo. -No se le entendía muy bien, iba muy borracho-
Jesús estaba detrás de mi, escondido, tenía pánico a mi padre, sus ojos estaban inundados, en su cara sólo se percibía tristeza, miedo, pánico, llamarlo como queráis.
Mi padre me cogió del hombro y me ladeó para intentar coger a Jesús, pero no lo consiguió. Al ver que no podía llevárselo con él, su puño fue directo a mi cara, me tumbó en el suelo, sentía dolor, mucho dolor, pero no iba a conseguir que se saliera con la suya, me levanté del suelo tal y como pude, Miré a Jesús, seguía derrochando lagrimas, miré a mi padre, se reía. Sentí impotencia, mucha impotencia y mi mano fue directa a su cara, él reaccionó muy rápido y un empujón hizo que me estampara con el suelo, mi cabeza se dio con el banco, llevaba sangre, pero eso ahora no importaba, ahora importaba mi hermano. Mi móvil salió disparado hacia el sitio donde estaba Jesús, él reaccionó y llamó a alguien, no sé a quien, en ese momento no podía pararme a pensar, mi padre estaba muy borracho, casi ni se mantenía de pie, pero sus golpes hacia mi, me dolieron bastante. Mi labio sangraba, mi ceja se me partió, el ojo me dolía muchísimo, su puño impactó directamente en mi ojo, no veía muy bien. Volví a levantarme, esta vez, con muchísimo más dolor que antes, no sabía que hacer ni que decir, me quedé mirándolo fijamente a la cara, en su mirada había odio, rencor y en la mía más o menos lo mismo, mucho odio. Volvió hacia mi, esta vez no me dio tiempo a reaccionar, me tumbó en el suelo, una patada ligera pero dolorosa impactó en mi costado, sentía como que me moría, el dolor era más grande por momentos. Jesús chilló. -Para ya, me iré contigo pero déjalo- no iba a permitir que se fuera con el borracho de mi padre, tal vez esto se lo haría a el a todas horas y no, no lo iba a permitir. -Jesús vete con ella, corre- grité-
Me hizo caso, salió corriendo, mi padre volvió a mi.
-Os vais a enterar, algún día. -Me golpeó en el hombro y se marchó-
Lo dio por perdido en ese momento, él solo quería a Jesús, a mi no me quería para nada, fui andando tal y cómo pude a casa de José, en el camino encontré a Jesús, tumbado en el suelo, con la cabeza agachada, derrochando millones de lagrimas.
-Ya está, no te preocupes anda. -Le susurré en el oído-
-¿Qué no me preocupe? Vas sangrando y todo por mi culpa, tenía que haberme ido con él y ya está.
-Jesús no digas eso ni en broma, tú te vas a quedar conmigo. -Lo levanté y fuimos caminando despacio a casa de José, me dolía mucho el costado, y la pierna, la cara era lo de menos-
La verdad, es que no quería ir así, en estas condiciones a casa de José y que me vieran así, pero olvidé mis llaves en su casa.
-¿A quién llamaste? -Pregunté-
-A Malú, pero no me lo cogió.
Caminaba cojeando, mi hermano estaba bien, por suerte, si llego a tardar unos minutos más, quizás mi padre ahora mismo estaría haciéndole esto a él.
Me levanté un poco la camisa, la cara de Jesús se transformó, se asustó bastante, tenía el costado mal, su patada había impactado fuertemente en mi. Jesús se dio un poco de prisa, se adelantó y llamó corriendo al timbre. No podía más, mi cuerpo entero me dolía, mis piernas parecían haber muerto, perdí el equilibrio y caí al suelo lentamente, tan solo estaba a unos pasos de la casa de José.
-José, corre, abre. -Escuchaba los gritos de Jesús-
José abrió la puerta, Jesús me señaló y José vino a mi corriendo. Me levantó despacio, sin decir palabra, me cogió con ayuda de mi hermano Jesús y me metieron a su casa.
-¿Que ha pasado? -Decía José-
-Mírale el costado. -Decía Jesús angustiado-
Apareció Malú que bajó las escaleras corriendo cuando nos escuchó.
-Mario, que te ha pasado cariño. -Decía, mientras una lágrima bajaba por su mejilla-
No podía hablar en ese instante, no me salían las palabras, sentía dolor, muchísimo dolor, parecía que me estaban matando. Llamaron a la ambulancia, no podía moverme hacia el coche, así que decidieron llamar a la ambulancia, vinieron rápidamente y me subieron a ella, Jesús quería venir conmigo, pero no le dejé, no quería que me viera así, se quedó con José y Malú se subió a la ambulancia conmigo. Me cogió de las manos y me apretó fuertemente. Besaba mis labios heridos lentamente, me dolían bastante, pero su beso logró calmar mi dolor.
Llegamos al hospital, enseguida me atendió una enfermera, una chica morena con los ojos azules, era muy guapa. Me subieron a la habitación cuando ya me habían cosido la brecha de mi ceja y me habían curado un poco las heridas.
El dolor se me había calmado un poco, gracias a la pastilla que me habían dado, en la habitación no dejaba de tocarme mi costado, el dolor se me calmó, pero me seguía doliendo bastante, era como tener algo clavado ahí.
Llegó Malú, nada más verla sonreí, intenté sentarme ya que estaba acostado en esa pequeña cama, pero no pude, el dolor aumentó, rápidamente me llevé la mano al costado, era lo que más me dolía. Malú notó mi dolor y se acercó rápidamente a mi, para decirme que me estuviera quieto, me acomodó la almohada y depositó un ligero beso en mi mejilla, se sentó en el sillón que había al lado y me preguntó que qué pasó, le conté todo lo ocurrido y una lagrima bajó por mis mejillas, se me hacia duro creer que si llego dos minutos más tarde, Jesús quizás ya no estaría allí, estaría con mi padre. Malú cogió mi mano y me la apretó muy fuerte, susurrándome en el oído. -Tranquilo, ya pasó, estoy aquí a tu lado.
Sus palabras me llegaron al alma, la quería muchísimo, más que a mi vida. Pronto llegaron visitas, la más esperada, la de mi hermano Jesús, que nada más verme me abrazó, me dio un poco en el costado con su brazo, me dolió, pero el abrazo de mi hermano era lo que más deseaba en estos momentos. Malú había bajado a la cafetería con su hermano y nos dejó a Jesús y a mi a solas.
Ya era de noche, me pasé el día acostado en esa cama, con dolores por todos lados.
-Me quedo esta noche contigo. -Dijo Malú-
-Malú, no. Si te ve alguien van a sospechar y van a empezar a hablar. Vete a casa, tranquila, estoy bien.
-Me da igual, no te voy a dejar aquí solo con esa enfermera. -Rió-
-Reí, pero el dolor volvió a mi-
Al final la convencí para que no se quedara, era duro convencerla de algo, pero no iba a dejar que por quedarse aquí a la noche empezaran a publicar cosas sobre ella, no iba a permitirlo.
Durante la noche, no sentí dolor apenas, me habían dado una pastilla antes de dormir para calmar los dolores y había funcionado bastante bien.
-¿Se encuentra bien? -Preguntó la enfermera-
-Sí, un poco mejor. ¿Cuándo me dan el alta?
-Quizás, esta tarde. Según veamos como sigue tu costado. -Sonrió-
La verdad es que tenía una sonrisa muy bonita, pero no se parecía en nada a la de ella, que apareció de repente en la habitación mientras que yo hablaba con la enfermera.
-Yo ya me iba, si necesitas algo me llamas Mario. -Sonrió-
-¿De qué hablabais? -Preguntó Malú un poco seria-
-Le he dicho si tenía planes para esta noche.
-Imbécil -Respondió-
-Reí, y rápidamente me llevé las manos al costado-
-¿Cuándo te dan el alta? -Preguntó-
-Quizás esta tarde, aún no lo sé.
Llegó la tarde y así fue, me habían dado el alta, ya solo tenía el costado con mal color, un color morado, me habían mandado unas pocas pastillas para tomar tres veces al día, durante cuatro días y una pomada para el costado.

viernes, 14 de marzo de 2014

Capítulo 15.

-Narra Mario- Su mirada volvía a brillar, miraba para todos lados, se levantaba del sillón y comenzaba a dar vueltas por todo el camerino, rompí ese silencio.
-¿Me lo vas a decir ya?
-Si, voy. -Se sentó otra vez a mi lado, me cogió la mano y comenzó a hablar-
-Mario, te dije que necesitaba tiempo, he tenido ya casi un mes y me he dado cuenta que cada día que pasa te echo más y más de menos, echo de menos tus caricias, tus besos, despertar y verte a mi lado, que me hagas reír. Este tiempo he estado pensando demasiado, he intentado olvidarte, pero es imposible, no sé que me has echo, pero me tienes loca. -Sonreí como un tonto- Ves, hasta echaba de menos tu sonrisa, perdón por no haberte dicho antes esto, pero tenía que pensarlo muy bien, ya sabes como soy, nuestra relación es una locura, pero a mi me encantan las locuras.
-¿Has terminado de hablar? -Reí-
-Idiota, encima que estoy aquí nerviosa por habértelo dicho.
-Anda ven aquí. -La cogí del brazo, acercándome más y más a ella, hasta tener sus labios pegados a los míos, perdí el control completamente, echaba demasiado de menos sus besos, la besé con más pasión y más ternura que nunca, se tumbó encima mía, desabrochando mi camisa de cuadros, besando mi abdomen, acariciando mi nuca, volví hacia su boca, me perdía en ella, me volvía loco cada vez que sus labios volvían a juntarse con los míos, cada vez que nuestras lenguas volvían a unirse, estaban más juguetonas que nunca. Besarle hasta quedarme sin respiración, eso quería. Mis manos inconscientemente pasaban por debajo de su ropa, volví a su boca, esta vez me mordió el labio inferior.
-Se llevó las manos a la cabeza, mientras reía- Llevas sangre en el labio.
-Si es que eres muy bruta, para que me muerdes. -Reí-
-No seas tonto. -Volvió a mi boca, sonriendo-
Estábamos ahí tumbados en el sillón pequeño que había, cuando de repente abrieron la puerta.
-Perdón, perdón. -Reía José-
-Podrías haber llamado. -Respondió Malú, mirándole con mala cara-
Me levanté del sillón, abrochando los botones de mi camisa de cuadros.
-Reí- Tranquilo, yo ya me iba.
-No, el que se va soy yo. ¿Me llevo a Jesús a mi casa? -Dijo José-
-Si, si. Y vete ya. -Respondió ella-
José cerró la puerta y se fue, yo miré a Malú, ella me devolvió la mirada con una sonrisa pícara.
-¿Tú a donde crees que te vas? -Sonrió-
-A mi casa, con mi novia. -Reí-
-Ah, que tienes novia. -Rió-
-Sí, preciosa qué es. -La mire fijamente y no había nada más, nadie más. Solo ella y yo, haciendo el amor con la mirada.
Nuestras miradas volvían a brillar con más fuerza que nunca, la miraba y sonreía como un tonto. La verdad es que jamás pensé que sentiría algo así por una chica. Cogimos sus cosas y salimos abrazados del camerino, ya no había nadie por los pasillos, a la salida esperaban demasiados fans, se quedaron mirándome todos y cada uno de ellos, sus miradas estaban puestas en mi, me puse nervioso. Malú firmó algunos autógrafos, se echó algunas fotos, cogí el móvil para mirar la hora, las una de la mañana. Fui caminando hacia el coche, Malú iba detrás de mi. Entramos, ella quería conducir, nunca me dejaba a mi, pero esta vez, me hizo caso, me dejó conducir. Durante el camino no pronunciamos palabra, nuestras miradas ya lo decían todo. Llegamos a casa, ella se acomodó en el sillón. Marché a la cocina, cogí dos copas y una botella de vino, de reserva.
-¿Qué celebramos? -Sonrió-
-Muchas cosas, tu primer Sold Out en el Palacio De Los Deportes, nuestra reconciliación.
Casi sin querer, o queriendo, quien sabe, nos bebimos la botella de vino entre los dos, iba un poco borracho, bueno.. quizás demasiado, ella también, sonreía sin parar. Nunca perdía su sonrisa, esa sonrisa de la que me enamoré.
Me entró muchísimo calor, así de repente, me quité la camisa, me dirigí a la habitación a coger una cosa, pero al llegar allí, Malú se lanzó encima mía, colocando sus piernas alrededor de mi cuerpo, besándome lentamente, pasando su mano por mi pelo. Nos lanzamos a la cama, quitándonos la ropa rápidamente, estábamos sudando, no se si por el vino o por qué. Se tumbó encima mía, acariciando mi abdomen, subiendo hasta la nuca, rozando mis labios con la punta de todos sus dedos, besándonos hasta quedarnos sin respiración, bajé mis manos hacia su cadera, esa noche se escucharon unos pocos gemidos, quizás demasiados. Me miraba y sonreía, se escucharon varios suspiros ahogados. Pasamos la noche así, rodeado de besos, caricias y algo más.
De placeres que solo se encuentran en esta vida, estoy hablando de sus labios.
Siempre acabada dejando una sonrisa en mi rostro, en mis labios el sabor de los suyos y en mi piel el deseo de volverla a tener.
Nos quedamos dormidos, así abrazados, ella acurrucada en mi pecho. Olvidé bajar la persiana la noche anterior, y el sol empezaba a brillar, y empezó a molestar, me daba en todos los ojos. Me desperté, con un dolor de cabeza increíble, pero la vi ahí dormida en mi pecho y se me olvidó todo, otra vez volvía  a ser todo como antes, echaba de menos despertarme y verla a mi lado. Estaba preciosa, más que nunca, la desperté entre beso y beso, haciéndole caricias por todo su cuerpo, besando su frente y sonriendo como un idiota.
-Buenos días cariño. -Sonreí-
-Que dolor de cabeza, qué me hiciste anoche. -Rió-
-No me acuerdo. -Reí-
Entró a la ducha, yo entré detrás de ella.
-¿Qué haces? -Preguntó-
-Voy a ducharme. -Reí-
-Primero yo.
-Hay que ahorrar agua. -Volví a reír-
Nos duchamos los dos juntos, estuvimos un buen rato, debajo del chorro de agua que caía lentamente entre nosotros, seguíamos besándonos, otra vez, no habían pasado unas horas y nuestras lenguas volvían a unirse.
Y cuando menos me lo espero, me doy cuenta de que me gusta más de lo que creía. Ella es el motivo de mi felicidad.

domingo, 9 de marzo de 2014

Capítulo 14.

-Narra Mario- Jesús llamo a la chica, María se llamaba, era muy simpática, quedamos con ella a la noche para recoger las dos entradas para el concierto, eran dos entradas premium, estaríamos mucho más cerca de ella. María no podía ir, tenia que hacer un viaje urgentemente, le pagué las entradas y nos fuimos a casa.
Jesús iba durante el camino con una sonrisa, la mayor sonrisa de todas, dando palmas por la calle, la gente le miraba y se reía.
-Por fin voy a poder verla en concierto. -Sonreía-
Pasamos por la puerta del palacio de los deportes, ya había gente en la cola, con sacos de dormir, etc. Nosotros iríamos a la mañana muy temprano, sobre las ocho o así.
Llegamos a casa, eran las once o así. Jesús se marchó a su habitación y en menos de cinco minutos se quedó dormido, yo, como siempre, tardo mucho más en dormirme, siempre acabo dando vueltas en el colchón, de lado a lado rápidamente, mi cabeza daba mil y mil vueltas, pensando en todo. Me pregunto si algún día seré feliz, me lo repetía una y otra vez, no encontraba respuesta. Logré dormirme a las cuatro o así de la mañana, había estado pensando en mi vida perfecta, sin problemas, sin esconderme de nadie, siendo feliz a su lado. Sonó el despertador, bueno no era el despertador, era mi hermano Jesús chillando `Nos Vamos de Concierto´.
Entré a la ducha, mientras Jesús desayunaba. Me duché y me vestí rápidamente, una camisa blanca y un pantalón baquero negro, acompañado de unas vans. Cogí una manzana y me la comí por el camino, tampoco tenía mucha hambre, estaba nervioso, después de casi un mes sin saber nada de ella, la volvería a ver. Seguía manteniendo contacto con José, la última vez que lo vi, fue hace unos días, ese día me preguntó como estaba, no quise preguntarle nada sobre su hermana, él tampoco me contó nada de ella. Habían rumores y fotos que circulaban por Twitter, sobre que Malú había encontrado a su nuevo amor, no sabía que pensar, no sabía si creerlo, habían fotos, pero no veía nada raro, dos amigos tomando algo. No me lo creí, quise pensar en que aún seguía sola, me pidió tiempo, el tiempo pasa y ella sigue sin decirme nada, en casi un mes tenía que haber tenido tiempo de sobra, para pensar si quería seguir conmigo, o cada uno por su lado. Cuanto antes me lo dijera mejor, menos sufriría. Estoy cansado, siempre lo mismo, encerrado en la habitación, sin querer comer, derrochando lágrimas por una persona, que quizás ni se acuerda de mi.
Estuvimos en la cola, llegaba muchísima gente, Jesús se ponía a ligar con las chicas de su edad que habían en la cola, se echaban fotos y no dejaban de reír. Yo estaba ahí sentado, pegado a la pared, miré el WhatsApp, Malú estaba en línea. No me atreví a decirle nada. Entré a Twitter, estaban todos revolucionados con el concierto de esa misma noche.
Pasaban las horas rápidamente, llegó la hora. Entramos dentro, y tras esperar un poquito más, salió la banda y después salió ella, con una sonrisa dibujada en su boca, otra sonrisa de dibujó en la mía. Estábamos en primera fila, lo veíamos todo perfectamente, la tenía cerca de mi. Era magia, magia sobre el escenario. No hay palabras para decir cómo me sentía en en el concierto. Todo el mundo gritaba su nombre, todo el mundo saltaba, habían dos locos que le decían palabras mayores. Me daban ganas de explicárselo pero no, no iba a estropear este gran concierto, sabía que era especial para ella. Era la primera vez que llenaba el Palacio De Los Deportes. Cantó con varios invitados, Syntek, Rosario, Bisbal, Orozco, entre otros. Se emocionó al cantar la canción `Aprendíz´. Todo el mundo estaba emocionado, pero yo muchísimo más, tenía la piel de gallina, los ojos inundados de lágrimas. Lloré como un niño pequeño cuando le quitan su piruleta, así lloré yo al escucharla cantar Aprendíz en directo. Fue el mejor concierto de mi vida, estaba a punto de acabar, sus últimas palabras volvieron a emocionarme, ella también se emocionó. `A día de hoy, puedo decir que he llenado El Palacio De Deportes´. Esa frase se me clavó en el corazón, me sentía muy orgulloso de ella, lo mejor sería que después de este concierto estuviera yo esperándola con los brazos abiertos, mostrarle todo el cariño que siento hacía ella. Eso sería lo mejor. Acabó el concierto, Jesús me miró y sonrió.
-Vamos a verla, a su camerino. -Dijo Jesús-
-Jesús, no es buena idea.
-Que sí, hazme caso por una vez en tu vida. -Me guiñó el ojo-
Intentamos colarnos como pudimos, llegamos a su puerta. Me temblaban las piernas, el corazón me latía a mil por hora. Cogí el móvil rápidamente, abrí su WhatsApp.
-Que gran concierto guapa, me has dejado sin palabras ole tú, no veas tú como he llorado con Aprendíz.
-Viniste? -Respondió-
-Abre la puerta.
-¿Qué puerta, que dices?
-Hazme caso.
La abrió, su mirada se clavó en la mía, no pudo evitar emocionarse, una lágrima recorría por su mejilla lentamente.
-Creí que no vendrías.
-A pesar de todo, no iba a dejarte sola en una noche tan especial para ti.
-Sonrió y me abrazó, tan fuerte que casi no puedo respirar-
-Ya que estás aquí, tenemos que hablar. -Dijo-
-Asentí con la cabeza-
Jesús se fue con José y Rubén que andaban por allí. Y nos dejó a solas, teníamos que hablar de algo importante. No sabía si iba a salir de su camerino, feliz por volver a tenerla entre mis brazos o sentir que el mundo cae otra vez encima de mí. No tenía ni idea. Nos sentamos en un pequeño sofá que había. Nuestras miradas estaban a centímetros escasos. Echó un pequeño suspiro y comenzó a hablar.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Capítulo 13.

-Narra Mario- Me estaba poniendo nervioso, no sabía que pasaba, ella seguía sentada en el sillón, con sus manos apoyadas en la cabeza, soplaba y soplaba, cada vez más fuerte. Interrumpí aquel silencio.
-Me vas a decir que está pasando? -Pregunté-
-Mi hermano, ha tenido un accidente. -Dijo entre lagrimas-
Se levantó corriendo del sillón, subió al piso de arriba, subí detrás de ella, se vistió rápidamente, se puso lo primero que pilló.
-Voy contigo.
-No, Mario no hace falta, quédate con Jesús.
-Espérame, no voy a dejar que te vayas sola. Me visto rápido y bajo.
Me vestí rápidamente, al bajar al piso de abajo, ella ya no estaba, tardé dos minutos escasos en vestirme y ella ya se había ido. Yo quería acompañarla, no iba a dejarla sola en estos momentos, llamé corriendo a Jesús, se vistió rápido, cogimos el coche y salí rumbo al hospital. Camino al hospital le conté a Jesús lo que había ocurrido. Llegamos allí, Jesús fue a la cafetería a tomar algo para desayunar, salimos rápidamente y no nos dio tiempo a comer nada. Yo subí directamente a buscar a Malú. Tras estar volviéndome loco, dando vueltas por todo el hospital, me recorría los mismos pasillos dos veces, preguntaba y nadie me decía nada llamaba a Malú y no me cogía el teléfono, nunca me lo cogía. Llegué a un pasillo donde de lejos la vi, salí tras ella, no estaba sola, estaba abrazada a un chico, le reconocí perfectamente, era Pablo Alborán, no le faltó tiempo para llamarle y contarle lo que había ocurrido, los vi ahí abrazados, con sus miradas brillando más que nunca, me entraron celos, lo reconozco. En ese momento no sabía que hacer ni cómo reaccionar, no sabía si darme la vuelta para irme o si ir corriendo a abrazarla, escogí la primera opción ya que la segunda, todo el mundo que había en el pasillo quedaría extrañado y empezarían a hablar. Me di la vuelta, empecé a andar lentamente, con la mirada perdida, mirando al suelo, me tropecé con alguien.
-Lo siento -Dije levantando la mirada-
Era la madre de Malú, quedó sorprendida al verme ahí, le pregunté inmediatamente por José, me respondió con un -Está bien, solo fue un pequeño golpe, unas pequeñas contusiones en el hombro.
Le di un abrazo, me despedí de ella con dos besos en la mejilla, volví a la cafetería más tranquilo por que José estaba bien, pero pensando en aquel abrazo que se fundieron ella y Pablo.
Llegué a la cafetería, allí estaba Jesús, sentado en una mesa.
-Quieres un poco? -Me ofreció un poco de tostada-
-No, no tengo hambre.
Tenía un nudo en el estómago, su actitud aveces me mataba, está cariñosa conmigo y después hace cómo si no me conociera, yo empezaba a cansarme de dar todo por ella y no recibir nada a cambio. Quizás ella para mi era demasiado importante y yo solo era para ella un juguete de usar y tirar. Volví a subir a la habitación, esta vez Malú estaba sola, con el móvil. Pasé por al lado de ella, me miró y no me dijo nada, entré directamente en la habitación para ver a José. Le saludé y estuvimos hablando un buen rato, empezaron a llegar visitas y yo salí de la habitación, ella seguía allí, de la misma posición en que la vi antes de entrar a la habitación. Salí por la puerta volvió a mirarme, esta vez su mirada era fría, quedó callada durante unos segundos.
-Podemos hablar? -Rompí el silencio-
-Sí. -Su respuesta era fría, igual que su mirada-
Bajamos a la cafetería, se pidió un café, me ofreció uno pero me negué, no tenía ganas de nada.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí? -Preguntó-
-Más de lo que tu te imaginas. Te vi abrazada a Pablo, vuestras miradas brillaban más que nunca, te llamé esta mañana, no me respondes nunca cuando te llamo, nunca estas disponible para mi, yo siempre estoy para ti, me preocupo por ti, me quedé en vela cuando estabas con fiebre, controlando que no te subiera la fiebre, llevando el desayuno a tu cama, tratándote como una reina. Y tú? haces algo por mi?, me tratas como un juguete de usar y tirar, un día estás cariñosa conmigo y al otro día pasas por al lado mío y haces como si no me conocieras, yo creo que ya te he dejado claro que te quiero, que quiero pasar el resto de mis días a tu lado, darte los buenos días, despertar a tu lado, llenándote a besos todas las mañanas,tardes y noches. Tú a mi no me has demostrado nada, ni siquiera sé lo que sientes por mi, últimamente estás muy rara conmigo, distante, tu mirada ya no brilla como antes, cuando me veías. Te soy sincero, creo que no sientes nada por mí, para ti esto solo ha sido como un juego, un rollo pasajero. -Las palabras me salían solas, comencé a hablar y no podía parar, salía todo disparado-
-Necesito tiempo. -Dijo ella, fría, igual que su mirada-
Me levanté de la mesa, sin decir palabra alguna, llamé a Jesús y nos fuimos. Llegamos a casa, Jesús entró a su habitación, yo me quedé en el salón, viendo la televisión, bueno.. cambiando de canales, no quería ver nada.
Pasaban los días, las semanas, cada segundo que pasaba la echaba más y más de menos, sus besos, sus abrazos, sus caricias, la echaba de menos. Jesús habló conmigo, me hizo abrir los ojos, no podía estar encerrado en casa echándola de menos, tenía que salir a la calle, la vida continuaba, no podía seguir así, con lágrimas en los ojos al recordarla.  Le hice caso a Jesús, salí a tomar un poco el aire con él. Estuvimos dando una vuelta por el centro de Madrid, entramos a varias tiendas, comprando algunas prendas de ropa, pasamos la tarde juntos, esa tarde me olvidé por completo de todo, volví a reír, mi hermano recuperó mi sonrisa, cosa que era difícil. Paseando por las calles de Madrid, vimos un cartel que anunciaba un concierto de ella al día siguiente, Jesús quería ir, seguro que no quedaban entradas ya, aparte muchas ganas de ir no tenía. Jesús estuvo mirando por internet si quedaban entradas, no quedaba ninguna, todo completo. Iba a llenar por primera vez el Palacio de deportes y no iba a estar a su lado, me dolía solo el recordarlo.
Jesús pegó un chillido, me asustó bastante.
-Tenemos entradas. -Gritaba-
-Qué? Si están agotadas.
-Una chica no puede ir y vende dos entradas, voy a contactar con ella.
Al final si que iba a estar con ella, pero no de la forma que yo quería, en ese día tan importante para ella.

martes, 4 de marzo de 2014

Capítulo 12.

-Narra Mario- Jesús se sentó a mi lado, quitándome la almohada de la cara, quitando las lágrimas que recorrían rápidamente por mi mejilla.
-¿Qué ha pasado? -Preguntó-
-Malú.. se ha ido. -Dije agachando la cabeza-
-¿Por qué? ¿Os habéis peleado?
-No, estábamos en el banco abrazados, un chico más o menos de tu edad nos echó una foto, salí corriendo detrás de el y al volver no estaban sus cosas, no estaba ella.
-Llámala. -Sonrió-
-La he llamado varias veces, tiene el teléfono apagado.
Jesús quedó sorprendido cuando le conté lo que había ocurrido, me repetía mil veces que fuera a su casa a hablar con ella, a contarle que la foto no saldría a la luz. La verdad es que me moría de ganas de verla, abrazarla y no soltarla nunca. Le hice caso a mi hermano, cogimos las cosas y nos montamos en el coche, nos esperaban otras dos horas de viaje, habíamos venido a esta casa por ella para que pasara unos días relajada para recuperarse, desconectar del mundo, pero no pudo ser.
Durante el camino, no entendía nada, se iba sin decir palabra, no contestaba mis llamadas, estamos abrazados, besándonos y después hace cómo si no me conociera, no entendía nada. Por un lado la entendía pero por otro no. Sí, Malú podría haberse asustado por lo que la gente inventaría por aquella foto, no la dejarían, la prensa iría detrás de ella, no la dejarían respirar y se agobiaría.
Habíamos llegado, las piernas volvían a temblar, me armé de valor y bajé, dirigiéndome a su puerta.
Estuve llamando varios minutos a su puerta, no abrió. Decidí marcharme, caminando hasta el coche, abrió la puerta, me giré rápidamente y la vi ahí, apoyada en el marco de la puerta. Tuve ganas de salir corriendo hacía ella, besarle y abrazarla más fuerte que nunca, pero no.
-¿Qué haces aquí? -Preguntó-
-¿Cómo que qué hago aquí, te vas sin decir palabra, no contestas mis llamadas y aún así me dices que qué hago aquí? -Subí el tono de voz-
-Mario, no tengo ganas de hablar de ese tema. -Frunció el ceño-
- Pues tenemos que hablar si o sí.
-Hablamos otro día. -Cerró la puerta muy despacio-
Esta vez, volvió a caerse el mundo encima mía, no entendía para nada su actitud, yo no le había echo nada, ni siquiera me dejó contarle que borré la foto que nos sacó aquel chaval, no me dejó hablar con ella, me cerró la puerta, sin decirme adiós ni nada. Caminaba lentamente hacia el coche, con la cabeza agachada, alguna lagrima bajaba por mi mejilla. Alguien me tocó el hombro, me dí la vuelta rápidamente. Era ella, tenía los ojos rojos, inundados de lagrimas. -Perdóname -Me susurraba al oído, mientras me abrazaba, más fuerte que nunca-
Me quedé sin palabras, no sabía que decirle, mis lagrimas se secaron rápidamente con el abrazo que me dio y una sonrisa apareció en mi boca. Jesús salió corriendo del coche y vino hacía nosotros -Esto parece una película. -Sonrió- Entramos dentro de la casa, teníamos que hablar, tenía que contarle todo. Jesús se fue al jardín a jugar con Danka y Malú y yo nos quedamos en el salón, sentados en el sillón.
-Perdóname, me asusté por lo de la foto y..
-No la dejé acabar la frase- Te perdono, pero no sabes el susto que me dí al llegar y no verte, en ese momento se me derrumbó el mundo, no tenía ganas de nada, estuve encerrado en el dormitorio toda la tarde, llorando, podrías haberme avisado o algo, encima de todo, te llamo y tú como si nada, con el teléfono apagado.
-De verdad, lo siento. Pero soy así, salgo huyendo enseguida. Además, sabes tú perfectamente que esa foto lo va a arruinar todo.
-Esa foto ya no existe. -Sonreí-
Malú sonrió, comenzó a besarme, primero por la boca, mientras que nuestras lenguas jugaban, seguidamente por el cuello, bajando hasta mi abdomen, volviendo a mi boca y así sucesivamente. Pasé la mano por dentro de su camisa, acariciando su espalda, mientras la besaba con mucha pasión. Su respiración agitaba la mía de una manera descomunal y eso me encantaba. Sentirla tan cerca de mí, sus labios junto a los míos, su pecho pegado al mío, nuestras lenguas unidas, eso era la mejor sensación del mundo. Pasamos la noche, abrazados, besándonos como niños pequeños.
-Sabes? Cuando eras pequeño, eras precioso. -Sonrió-
-Ah, qué ahora soy feo? -Reí-
-Si, demasiado diría yo. -Contestó con voz de niña pequeña-
La cogí y empecé a hacerle cosquillas, dejándola acostada en el sillón, poniéndome encima de ella, volviendo a acariciar todo su cuerpo, de arriba a abajo y así sucesivamente. Besando sus dulces labios que me volvían loco, bajando por el cuello, llegando hasta su pecho, la miré y ella sonrió, deposité pequeños besos por su pecho, volví a sus labios, esta vez le mordí el labio inferior. Una sonrisa enorme se dibujó en su boca, acariciaba mi pelo, bajando a mi espalda desnuda, mientras yo depositaba besos ligeros por su hombro.
Nos quedamos dormidos entre besos y caricias, los dos abrazados el uno al otro, en aquel sillón negro. El teléfono de Malú sonó, lo había encendido antes de haberse quedado dormida, saltó del sillón y se puso en pie, contestando rápidamente.
Su cara lo decía todo algo había pasado, se echaba las manos a la cabeza, empezaba a soplar, dando vueltas por todo el salón, yo iba detrás de ella, intentado saber que era lo que ocurría, cada segundo que pasaba, cada paso que daba Malú, me ponía más y más nervioso. Colgó el teléfono, me miró y rápidamente bajo la cabeza.

lunes, 3 de marzo de 2014

Capítulo 11.

-Narra Mario- Me desperté a las cuatro de la mañana, me sonó el teléfono y miré rápidamente para no despertarla, era un número muy raro, no contesté, puse el móvil en silencio. Volví a abrazarla, estaba ardiendo, ardía más que nunca y comencé a asustarme. Estaba pálida y con treinta y nueve de fiebre, fui corriendo a coger un paño de agua para ponerlo en su frente y que le bajara la fiebre, la destapé un poco y me quedé al lado de ella, esperando a que le bajara la fiebre. No podía dormirme y dejar que su fiebre aumentara. Más o menos a las cinco y cuarto le bajó un poquito la fiebre, seguía con unas décimas. Pasé unas horas contemplando su belleza, era enormemente preciosa.
No podía volver a conciliar el sueño, daba vueltas por toda la casa, me recorría todos y cada uno de los rincones del hogar. Al final me quedé dormido en el sillón, los párpados se me cerraban, los ojos me ardían, necesitaba dormir, había dormido una hora o dos escasas.
-¿Qué haces aquí durmiendo? -Preguntó Jesús-
-Qué haces despierto a las ocho de la mañana, con lo que te gusta a ti dormir.
-Tengo hambre -Rió-
-Pues desayuna, no querrás que te haga yo el desayuno.
-A mi no, pero si a Malú. -Sonrió-
Me levanté del sillón, dirigiéndome a la cocina, Jesús preparó un zumo de naranja, mientras que yo preparaba unas tortitas con chocolate por encima, cómo a ella le gustaban. Me acordé de una pequeña casa de campo, donde íbamos Jesús y yo con nuestra madre ha tocar canciones, esa pequeña casa era como nuestro refugio, allí nos reuníamos los tres para cantar y tocar algunos instrumentos. A Malú le vendría bien unos días de descanso, así que cogí un poco de ropa de ella, de Jesús y un poco mía, lo suficiente como para pasar unos días en aquella casa de campo, un poco vieja.
Llevé el desayuno al dormitorio. -Buenos días amor. -Sonreí-
-Buenos días, que rico -Exclamó-
-¿Quién yo? -Reí-
-No, el desayuno. -Me miró, mordiéndose el labio inferior-
-Reí-
Tendríais que verla, comiendo las tortitas con chocolate, pasando la lengua por el labio superior y poniendo cara de niña pequeña, me hacía mucha gracia verla así, era tan natural, tan perfecta.
-Llevas chocolate por todo el labio -Reí-
-¿Y a que esperas? -Sonrió-
Me lancé a su boca, besando sus dulces labios. Terminó de desayunar, se lo comió todo no dejo nada para mi, en alguna ocasión intenté quitarle algo pero ella me miraba y decía `es mio´ a la vez que reía.
-Vístete que nos vamos.
-A donde? -Preguntó- No tengo ganas, quiero quedarme todo el día aquí acostada.
-Es una sorpresa, anda venga.
Se vistió y ya teníamos todo preparado, los macutos con la ropa estaban en el maletero, un poco de comida para el viaje. Jesús estaba con el móvil, Malú también, estaba en Twitter, echando un vistazo a sus notificaciones. Malú parecía una niña pequeña, no paraba de preguntar, `Cuánto queda´ `Hemos llegado´ esas palabras decía durante todo el viaje, yo me reía y le pedía calma.
-Jesús, a donde vamos -Dijo susurrando-
-Es sorpresa. -Respondió Jesús-
Malú se desesperaba, no le decíamos nada y ella se ponía más y más nerviosa, Jesús y yo reíamos al verla. Tras unas dos horas de viaje, estábamos a punto de llegar, hacía dos meses que no volvía a ir a esa casa, desde que murió mi madre, íbamos muy poco. La última vez que fui, fue por que necesitaba estar solo, olvidarme de los problemas, olvidarme de todo. Llegamos y Jesús bajó corriendo del coche y entró rápidamente a esa pequeña casa, un poco vieja.
-¿Y esta casa? -Preguntó sonriendo-
-Pues, el refugio de Jesús y mio cuando eramos más pequeños.
-Me recuerda mucho a cuando era pequeña, me encanta. -Sonrió-
-A mi me encantas tú. -Le dije mientras la cogía de la cintura, para besar sus dulces labios que me volvían loco-
No os podéis imaginar el cosquilleo que sentía al tenerla frente a frente, al tener su mirada clavada en la mía, su sonrisa a unos centímetros de la mía. Mirarla, sonreír como un idiota y preguntarme ¿Qué hace para gustarme tanto?. El día en el que la besé por primera vez supe que no quería a nadie que no fuera ella, no necesito a nadie más, ella es todo lo que quiero. He echo cosas por ella, que jamás imaginé que haría por nadie.
Pasamos dentro de la casa, Jesús estaba acostado en el sillón, viendo una película. Malú subió al dormitorio y yo subí detrás de ella. Al llegar allí, me lanzó a la cama y se tiró encima mía, desabrochando los botones de mi camisa rápidamente y depositando pequeños besos en mi pecho, acariciando mi abdomen, subiendo hasta el cuello, acabando por la boca, nuestras lenguas volvían a unirse, jugaban como locas, se echaban de menos. Quité su camiseta, desabrochando su sujetador, acariciando su espalda desnuda, su pecho y el mio estaban pegados, besando su dulce cuello, mientras acariciaba rápidamente toda su espalda, subiendo hasta su pecho, perdiéndome en su boca, en su piel. Se escucharon varios gemidos. Una sonrisa rápidamente se nos dibujó en nuestra boca. Estuvo abrazada a mi pecho desnudo durante un buen rato.
Bajamos al pequeño jardín que había, sentados en un banco, yo sin camiseta, hacía mucho calor, ella con una camisa que le llegaba por debajo de la cadera, abrazados en aquel banco. De repente vimos un flash de una cámara que se disparó a nuestros ojos, miré rápidamente a Malú, ella cambió la cara en menos de un segundo, vi salir corriendo a un chico, salí corriendo detrás de el, con esa foto podría arruinar a Malú.
Tras ir corriendo detrás de el unos minutos logré alcanzarle.
-Niño, borra esa foto ahora mismo.
-No quiero. Va a salir en todos los periódicos. -Contestó subiendo el tono de voz-
-Dame esa cámara -Alcé la mano para quitarla de su bolsillo-
-Que me la des, que es mía y esa foto va a salir en la prensa. -Decía chillando-
Borré la foto y le devolví la cámara.
-Aquí tienes tú cámara.
-Conseguiré echaros otra foto, ya lo veréis. -Chilló- Os voy a arruinar la relación, o como queráis llamarlo.
Tras una pequeña discusión con aquel chaval, de unos catorce años aproximadamente, volví a casa. Abrí la puerta y Jesús estaba durmiendo, subí al dormitorio y no había rastro de ella, sus cosas no estaban, unas lágrimas recorrían por mi mejilla, cogí el teléfono y la llamé, no me lo cogía, volví a llamarla, esta vez decía `El teléfono está apagado o fuera de cobertura´. El mundo se me derrumbó, se suponía que iba a pasar unos días a su lado, sin nadie que nos molestara, pero no ocurrió como yo quería. Los ojos se me inundaron, pasé la tarde entre lágrimas y lágrimas, acostado en la cama, sin querer salir de allí. Jesús entró en la habitación, había despertado ya.


 

domingo, 2 de marzo de 2014

Capítulo 10.

-Narra Mario- Me despertó entre besos y caricias, sus manos recorrían lentamente por mi espalda desnuda, la miré y su sonrisa lo decía todo, sus ojos brillaban y los míos mucho más. Se tumbó encima de mi pecho, yo le tocaba el pelo suavemente y ella pasaba su mano por mi abdomen.
-Y si nos quedamos todo el día aquí, abrazados en la cama, entre beso y beso? -Reí-
-Tú lo que quieres es que no vayamos a casa de mis padres. -Me miró fijamente-
-Que bien lo sabes -Reí- Si yo voy encantado, pero es que no quiero ni imaginar su reacción.
-Eres idiota, mi hermano ya lo sabe, se lo comenté ayer a la tarde.
-Y qué te dijo? -Pregunté-
-Pues que me va a decir idiota, que tiene ganas de conocer a su cuñado. -Rió-
Tras estar un buen rato entre caricias y caricias, nos levantamos. Malú marchó a vestirse, yo fui al dormitorio de invitados, allí estaba Jesús. Él estaba despierto, estaba con el móvil.
-Enano, déjate el móvil y ve a ducharte que nos tenemos que ir.
-A donde? -Preguntó-
-Tú dúchate, que vamos a llegar tarde.
Escuché a Jesús renegar por el pasillo, no le dije a donde íbamos, después se lo diría.
-Mario -Gritó Malú-
-Qué pasa?
-Estoy bien? -Rió-
-Estás como para hacerte café en las mañanas, caricias en las tardes y el amor por las noches.
Se acercó a mi rápidamente y me besó, nuestras lenguas volvían a jugar, ella sonreía sin parar, tenía una sonrisa preciosa. La miro y me pregunto, ¿Qué haría yo sin ella?, ella es la que alegra y endulza mi cara todos los días, la que aguanta mis bromas, mis malos humores.
Jesús salió del aseo, le conté a donde íbamos y se puso muy contento. -Voy a conocer a Pepe de Lucía.
-Sonreía y daba palmas-
Malú sonreía, y yo me quedé alucinado con la reacción de mi hermano. Estábamos listos, montamos en el coche, esta vez no puso la radio. Jesús hablaba por el móvil y yo mirando por la ventana, estaba nervioso, me entraban sudores, Malú me miraba y reía. Nos acercamos más y más hasta llegar a la casa de sus padres, Jesús y Malú bajaron corriendo del coche, yo tardé un poco más, me temblaban las piernas. Bajé del coche, iba al lado de Jesús, ella iba un poco más adelantada. En el patio estaban José y sus padres, Malú los saludó con dos besos en la mejilla a cada uno, Pepe nos miró y preguntó -Y ellos quién son, hija?
-Mira, él es Jesús está en mi equipo Kids
-Sí a el si le he visto -Le interrumpió-
Malú me cogió de la mano, su hermano reía y su padre nos miraba, frunció el ceño. -Y él? -Preguntó-
-Papá, él es su novio -Dijo José-
-Pero cállate, que se lo iba a decir yo. -Respondió Malú, mientras le daba un pisotón-
-Chiquillo, dinos tu nombre. -Dijo Pepi-
-Ah si, yo soy Mario, Encantado. -Les dije-
Me presenté, le di dos besos a Pepi, era muy graciosa, la verdad, es que me sentía incomodo, Pepe me miraba de los pies a la cabeza continuamente, y me ponía nervioso.
Jesús, se puso a hablar con Pepe y con José, Malú me miraba y sonreía.
-Maestro, tócate algo y cantamos la de `Al Alba´ tu padre y yo. -Dijo Jesús, dirigiéndose a José-
José le hizo caso, empezó a tocar la guitarra, Pepe empezó a cantar y Jesús le siguió. Malú me cogió de la mano y me metió dentro de la casa.
-¿Quieres que nos vayamos? -Preguntó-
Tenía ganas de irme en ese momento, estaba incomodo, pero tendría que aguantar por ella y conocerlos mejor y coger confianza, así que me negué.
-No, tranquila. -Sonreí-
Me abrazó, Pepi nos pilló. -Que graciosos -Dijo-
Malú sonrió y se marchó fuera, yo me quedé dentro hablando un poco con Pepi, al fin y al cabo, era la que me transmitía mas confianza.
-Chiquillo, estás muy delgado. ¿Tú comes bien? -Preguntó-
-Empecé a reír, era muy graciosa y su acento era increíble-
Estuvimos hablando un buen rato, después volvimos a salir al patio, donde estaban los demás. Malú estaba abrazada a Jesús, vi esa imagen y una sonrisa se dibujó rápidamente en mi cara.
-Mario, hay que ver que bien canta el chiquillo -Dijo Pepe-
-Reí-
-Y tú cantas o tocas algún instrumento? -Me preguntó-
-Sí, toco la guitarra y canto un poquito.
-Canta algo, que te escuche. -Sonrió-
Rápidamente miré a Malú y ella me guiñó el ojo, Jesús se ofreció a cantar conmigo, algo que agradecí mucho, porque cantar delante de un maestro como lo era Pepe, me daba mucha vergüenza.
Cantamos un trozo de la canción de Pablo Alborán, seré. Una canción preciosa.
-Si tenéis la misma voz, tu hermano y tú. -Dijo Pepi-
Poco a poco me fui soltando un poco más, llegué a tener varias conversaciones con Pepe y José, empecé a coger confianza con todos, con la que más con Pepi y con José.
Terminamos de comer y Malú decidió marcharse a casa, no tenía muy buena cara, estaba pálida. Nos montamos en el coche, esta vez conducía yo, no iba a permitir que conduciera ella en su estado.
-Amor, ¿Qué te pasa? -Le pregunté, tocando su pierna, pero sin apartar la mirada de la carretera-
-Tengo frío, me duele muchísimo la cabeza. Llegamos a su casa, durante el camino no dijo nada, entramos y se acostó en la cama. La besé en la frente y estaba ardiendo, fui a por un paño de agua para ponerlo en su frente, ella estaba tiritando, no sonreía, se me partía el corazón verla así, echaba de menos su sonrisa. Se quedó dormida, yo seguía a su lado, controlando su fiebre. Cogí el teléfono, hacía tiempo que no lo encendía, lo tenía apagado unos días. Tenía más de cien mensajes en WhatsApp, de dos conversaciones. Eran mi padre y Sara, mi amiga. Mi padre, me mandó muchísimos, preguntando como iba todo, que estaba arrepentido y que nos echaba de menos, no le creí, no se por que razón pero no le creía. Algo de nosotros querría, no le respondí, borré su numero de teléfono, no quería saber nada de él, nos hacía la vida imposible, esta vez no nos la volvería a hacer, Jesús y yo ahora eramos felices y ni mi padre ni nadie nos volvería a estropear la vida.
Sara me decía que tenía que hablar conmigo, en ese momento no la respondí, estaba pendiente de Malú, a ver si le bajaba la fiebre. Volví a tocarle la frente, esta vez no la tenía ardiendo, la fiebre se le bajó. Habían pasado unas dos horas más o menos, Malú se despertó y me abrazó.
-Gracias por estar aquí a mi lado. -Me susurró en el oído-
-Siempre voy a estar, tengo que cuidarte, no? -Reí-
-Ya me encuentro mejor.
Volvió a besarme, esta vez con más pasión que nunca, sus manos las pasaba lentamente por mi nuca, yo acariciaba su espalda, volvió a deshacerse de mi ropa, y yo de la suya, poniéndose encima mía, besando mi pecho desnudo y acariciando mi abdomen. Deposite un beso en sus labios, nuestras lenguas jugueteaban más que nunca, a más velocidad y con más pasión.