viernes, 21 de febrero de 2014

Capítulo 4.

-Narra Mario- Llegamos a su casa, nos enseñó el salón, allí fue donde estuvimos toda la tarde. Le di las gracias por todo, todo lo que estaba haciendo por mi hermano Jesús, ella me respondió con la mejor sonrisa del mundo. Aprovechando el momento en el que Jesús había ido al baño me preguntó lo que pasaba con mi padre y con Jesús, se lo conté todo, al terminar de contarlo una lágrima recorría lentamente por mi mejilla. Me era difícil recordar lo que pasó, ver a mi hermano en aquella habitación encerrado mientras lloraba, esa imagen no saldría nunca de mi cabeza. Malú me dio un abrazo, no era un abrazo cualquiera, era el abrazo que siempre deseé.
Jesús salió del baño, se dirigió hacia donde estaba su guitarra, bueno era mía pero se la regalé para las audiciones a ciegas, para que le diera suerte, cogió la guitarra, se sentó en el sillón, me miró, sonrió y me dijo si cantábamos algo.
-Jesús, si te piensas que voy a cantar estás muy equivocado.
-Yo quiero escucharos cantar a los dos. -Dijo Malú con esa sonrisa, era imposible decir que no-
A mi me daba mucha vergüenza cantar delante de ella, la única mujer que me ha visto cantar ha sido mi madre. Cogí la guitarra, empecé a tocar, primero empezó a cantar Jesús, más tarde comencé yo.

Enséñame a rozarte lento, quiero aprender
a quererte de nuevo. Susurrarte al oído
que puedo. Si quieres te dejo un minuto,
pensarte mis besos, mi cuerpo y mi fuego
que yo espero si tardas, porque creo que
te debo mucho.

Al llegar al estribillo, empezó a cantar con nosotros, dejé de cantar para escucharla mejor, solo continué tocando la guitarra, mi hermano Jesús si seguía cantando con ella. Acabamos la canción, Malú nos miró, sonrió y comenzó a hablar.
-Es increíble, la voz más bonita que tenéis los dos, los giros que hacéis parecidos a Pablo, es increíble.
-Tú voz es mucho más bonita -Dijo Jesús-
Le dí un pequeño golpe en el hombro a Jesús, si por él fuera se casaba con Malú, Jesús es muy buen niño, pero un poquito chulo también, si ve a una chica que le gusta ¡PELIGRO!. Eran las nueve y media de la noche, se nos pasó la tarde muy rápido, estuvimos bastante bien. Decidí que ya era hora de marcharnos, Malú tendría cosas que hacer y nosotros no íbamos a estar molestando.

-Bueno Malú, nosotros nos vamos ya, que seguro que tienes algo mejor para hacer que estar aquí hablando con nosotros.
-Tú crees que algo mejor es estar acostada, aburrida, viendo la televisión hasta quedarme dormida? -Dijo Malú, con una sonrisa dibujada en su boca-
-Bueno, si lo dices así, no. -Reí-
-Entonces os quedáis a cenar o os vais?
-Nos quedamos, nos quedamos. -Saltó Jesús, metiéndose por medio-

Jesús se metió por medio de la conversación y a Malú le hizo mucha gracia. Cuando estemos en casa vamos a hablar tu y yo -Dije susurrando- Jesús me escuchó y se fue al salón a ver la televisión. Yo me quedé en la cocina ayudando a Malú a preparar una ensalada. Me hacía gracia verla así, cortando la lechuga, jamás me imaginé que la vería así, era tan natural. Me quedé embobado mirando su sonrisa, esa sonrisa que volvía loco a cualquiera, me perdía en ella, era preciosa. Estuvimos cenando, entre risas y risas. Jesús le contó un montón de anécdotas nuestras, Malú no paraba de reír y yo no paraba de mirarla.
Jesús se quedó durmiendo en el sillón, no se porque lo hice, estábamos hablando tan solo a unos centímetros y me lancé a besarle, no se en que estaría pensando, rápidamente me eché para atrás, sin decir palabra, solo se que lo hice mal, no debí besarle. Desperté a Jesús y nos fuimos, sin decir palabra, Malú seguía en la misma posición, no dijo nada, se quedó asombrada. Fastidié el momento, lo fastidié todo.
Cogimos un taxi, ya que el coche estaba en el taller, durante el camino de vuelta a casa, no podía dejar de pensar en ella, de pensar en el beso que le dí. Su sonrisa que me volvía loco, me encantaba. Quizás me estaba enamorando, pero Malú y yo nunca podríamos tener nada juntos, yo no soy nadie, y ella es la mejor cantante femenina del país, nunca estaría con un chico como yo, tan normalito.
Llegamos a casa, entré y directamente me acosté, no tenía ganas de nada, lo jodí todo. Jesús se acostó y a los dos minutos ya estaba durmiendo.
Pasaban las horas, las dos, las tres, las cinco, no podía dormir, estaba dando vueltas en el colchón, de un lado a otro, pensando en ella, en su sonrisa, en el beso. Conseguí dormirme y poco después sonó el teléfono, lo ignoré, estaba tan cansado que no podía ni abrir los ojos para ver quien era.
Acabé arrepintiéndome, tenía que haber contestado a esa llamada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario