-Narra Mario- Jesús se sentó a mi lado, quitándome la almohada de la cara, quitando las lágrimas que recorrían rápidamente por mi mejilla.
-¿Qué ha pasado? -Preguntó-
-Malú.. se ha ido. -Dije agachando la cabeza-
-¿Por qué? ¿Os habéis peleado?
-No, estábamos en el banco abrazados, un chico más o menos de tu edad nos echó una foto, salí corriendo detrás de el y al volver no estaban sus cosas, no estaba ella.
-Llámala. -Sonrió-
-La he llamado varias veces, tiene el teléfono apagado.
Jesús quedó sorprendido cuando le conté lo que había ocurrido, me repetía mil veces que fuera a su casa a hablar con ella, a contarle que la foto no saldría a la luz. La verdad es que me moría de ganas de verla, abrazarla y no soltarla nunca. Le hice caso a mi hermano, cogimos las cosas y nos montamos en el coche, nos esperaban otras dos horas de viaje, habíamos venido a esta casa por ella para que pasara unos días relajada para recuperarse, desconectar del mundo, pero no pudo ser.
Durante el camino, no entendía nada, se iba sin decir palabra, no contestaba mis llamadas, estamos abrazados, besándonos y después hace cómo si no me conociera, no entendía nada. Por un lado la entendía pero por otro no. Sí, Malú podría haberse asustado por lo que la gente inventaría por aquella foto, no la dejarían, la prensa iría detrás de ella, no la dejarían respirar y se agobiaría.
Habíamos llegado, las piernas volvían a temblar, me armé de valor y bajé, dirigiéndome a su puerta.
Estuve llamando varios minutos a su puerta, no abrió. Decidí marcharme, caminando hasta el coche, abrió la puerta, me giré rápidamente y la vi ahí, apoyada en el marco de la puerta. Tuve ganas de salir corriendo hacía ella, besarle y abrazarla más fuerte que nunca, pero no.
-¿Qué haces aquí? -Preguntó-
-¿Cómo que qué hago aquí, te vas sin decir palabra, no contestas mis llamadas y aún así me dices que qué hago aquí? -Subí el tono de voz-
-Mario, no tengo ganas de hablar de ese tema. -Frunció el ceño-
- Pues tenemos que hablar si o sí.
-Hablamos otro día. -Cerró la puerta muy despacio-
Esta vez, volvió a caerse el mundo encima mía, no entendía para nada su actitud, yo no le había echo nada, ni siquiera me dejó contarle que borré la foto que nos sacó aquel chaval, no me dejó hablar con ella, me cerró la puerta, sin decirme adiós ni nada. Caminaba lentamente hacia el coche, con la cabeza agachada, alguna lagrima bajaba por mi mejilla. Alguien me tocó el hombro, me dí la vuelta rápidamente. Era ella, tenía los ojos rojos, inundados de lagrimas. -Perdóname -Me susurraba al oído, mientras me abrazaba, más fuerte que nunca-
Me quedé sin palabras, no sabía que decirle, mis lagrimas se secaron rápidamente con el abrazo que me dio y una sonrisa apareció en mi boca. Jesús salió corriendo del coche y vino hacía nosotros -Esto parece una película. -Sonrió- Entramos dentro de la casa, teníamos que hablar, tenía que contarle todo. Jesús se fue al jardín a jugar con Danka y Malú y yo nos quedamos en el salón, sentados en el sillón.
-Perdóname, me asusté por lo de la foto y..
-No la dejé acabar la frase- Te perdono, pero no sabes el susto que me dí al llegar y no verte, en ese momento se me derrumbó el mundo, no tenía ganas de nada, estuve encerrado en el dormitorio toda la tarde, llorando, podrías haberme avisado o algo, encima de todo, te llamo y tú como si nada, con el teléfono apagado.
-De verdad, lo siento. Pero soy así, salgo huyendo enseguida. Además, sabes tú perfectamente que esa foto lo va a arruinar todo.
-Esa foto ya no existe. -Sonreí-
Malú sonrió, comenzó a besarme, primero por la boca, mientras que nuestras lenguas jugaban, seguidamente por el cuello, bajando hasta mi abdomen, volviendo a mi boca y así sucesivamente. Pasé la mano por dentro de su camisa, acariciando su espalda, mientras la besaba con mucha pasión. Su respiración agitaba la mía de una manera descomunal y eso me encantaba. Sentirla tan cerca de mí, sus labios junto a los míos, su pecho pegado al mío, nuestras lenguas unidas, eso era la mejor sensación del mundo. Pasamos la noche, abrazados, besándonos como niños pequeños.
-Sabes? Cuando eras pequeño, eras precioso. -Sonrió-
-Ah, qué ahora soy feo? -Reí-
-Si, demasiado diría yo. -Contestó con voz de niña pequeña-
La cogí y empecé a hacerle cosquillas, dejándola acostada en el sillón, poniéndome encima de ella, volviendo a acariciar todo su cuerpo, de arriba a abajo y así sucesivamente. Besando sus dulces labios que me volvían loco, bajando por el cuello, llegando hasta su pecho, la miré y ella sonrió, deposité pequeños besos por su pecho, volví a sus labios, esta vez le mordí el labio inferior. Una sonrisa enorme se dibujó en su boca, acariciaba mi pelo, bajando a mi espalda desnuda, mientras yo depositaba besos ligeros por su hombro.
Nos quedamos dormidos entre besos y caricias, los dos abrazados el uno al otro, en aquel sillón negro. El teléfono de Malú sonó, lo había encendido antes de haberse quedado dormida, saltó del sillón y se puso en pie, contestando rápidamente.
Su cara lo decía todo algo había pasado, se echaba las manos a la cabeza, empezaba a soplar, dando vueltas por todo el salón, yo iba detrás de ella, intentado saber que era lo que ocurría, cada segundo que pasaba, cada paso que daba Malú, me ponía más y más nervioso. Colgó el teléfono, me miró y rápidamente bajo la cabeza.
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