-Narra Mario- Nos dirigimos a casa de José, donde había pasado la noche Jesús. Durante el camino no pronunciamos palabra alguna, simplemente nos mirábamos y sonreíamos, echaba de menos su sonrisa, esa sonrisa que me encantaba. En ese momento no me salían las palabras, estaba feliz, por volver a estar a su lado. La razón por la que sonreía volvía a mi vida, la echaba tanto de menos que esa noche pasó de todo volvió a surgir la chispa que un día se apagó.
Llegamos a casa de José, allí estaba Jesús cantándose algo mientras que José le acompañaba con la guitarra.
A Jesús se le veía feliz, no paraba de reír, hacía tiempo que no le veía así.
-Cómo se ha portado Jesús? -Le pregunté a José-
-Bien, la verdad es que nos lo hemos pasado muy bien. -Rió-
-Mario, he quedado con unos amigos para jugar un partido. -Se despidió de mi depositando un beso ligero en mis mejillas y un abrazo-
Pasamos la mañana en casa de José, riéndonos y hablando de varios temas.
-Parejita, qué tal la noche de ayer? -Rió José-
No me esperaba para nada la pregunta de José, me quedé cortado, sin palabras, la miré y reí, su cara era de espectáculo.
-Eres un cotilla, no querrás que te contemos todo lo que pasó. -Rió Malú-
-Pues no estaría nada mal, soy tu hermano mayor, tendré que saber qué es lo que le haces a mi cuñado.
-Echó una fuerte carcajada-
-Yo no me río. -Dijo seria, yo me estaba conteniendo la risa, pero no podía más, se me escapó una pequeña carcajada-
La verdad es que José era muy gracioso, me hacía gracia la cara que le ponía su hermana cuando nos preguntó eso.
-Venga Mario, qué es lo que te hizo anoche? -Volvió a reír-
-Hermanito, te callas ya verdad? -Le preguntó, mientras un cojín salió disparado a su rostro-
Se había echo un poco tarde, se me había pasado el tiempo muy rápido, tenía que ir a por Jesús al parque, me despedí de ellos.
-Me voy a ir, que tengo que recoger a Jesús.
-Recógelo y comemos aquí todos. -Respondió José-
-Asentí con la cabeza-
Le dí un beso ligero en los labios a Malú y me marché a por Jesús.
Fui andando, el parque estaba a quince minutos de la casa de José, al llegar allí, de lejos vi a un hombre mayor, con barba. Que estaba cogiendo de la camiseta a un niño, no distinguía bien su cara. Me acercaba más y más hasta que logré reconocer las caras de los dos. Fui corriendo, se me salía el corazón por la boca, no podía creerlo, era mi padre cogiendo de la camiseta a Jesús.
-¿Qué estás haciendo? -Aparté a Jesús de mi padre-
-Se viene conmigo. -No se le entendía muy bien, iba muy borracho-
Jesús estaba detrás de mi, escondido, tenía pánico a mi padre, sus ojos estaban inundados, en su cara sólo se percibía tristeza, miedo, pánico, llamarlo como queráis.
Mi padre me cogió del hombro y me ladeó para intentar coger a Jesús, pero no lo consiguió. Al ver que no podía llevárselo con él, su puño fue directo a mi cara, me tumbó en el suelo, sentía dolor, mucho dolor, pero no iba a conseguir que se saliera con la suya, me levanté del suelo tal y como pude, Miré a Jesús, seguía derrochando lagrimas, miré a mi padre, se reía. Sentí impotencia, mucha impotencia y mi mano fue directa a su cara, él reaccionó muy rápido y un empujón hizo que me estampara con el suelo, mi cabeza se dio con el banco, llevaba sangre, pero eso ahora no importaba, ahora importaba mi hermano. Mi móvil salió disparado hacia el sitio donde estaba Jesús, él reaccionó y llamó a alguien, no sé a quien, en ese momento no podía pararme a pensar, mi padre estaba muy borracho, casi ni se mantenía de pie, pero sus golpes hacia mi, me dolieron bastante. Mi labio sangraba, mi ceja se me partió, el ojo me dolía muchísimo, su puño impactó directamente en mi ojo, no veía muy bien. Volví a levantarme, esta vez, con muchísimo más dolor que antes, no sabía que hacer ni que decir, me quedé mirándolo fijamente a la cara, en su mirada había odio, rencor y en la mía más o menos lo mismo, mucho odio. Volvió hacia mi, esta vez no me dio tiempo a reaccionar, me tumbó en el suelo, una patada ligera pero dolorosa impactó en mi costado, sentía como que me moría, el dolor era más grande por momentos. Jesús chilló. -Para ya, me iré contigo pero déjalo- no iba a permitir que se fuera con el borracho de mi padre, tal vez esto se lo haría a el a todas horas y no, no lo iba a permitir. -Jesús vete con ella, corre- grité-
Me hizo caso, salió corriendo, mi padre volvió a mi.
-Os vais a enterar, algún día. -Me golpeó en el hombro y se marchó-
Lo dio por perdido en ese momento, él solo quería a Jesús, a mi no me quería para nada, fui andando tal y cómo pude a casa de José, en el camino encontré a Jesús, tumbado en el suelo, con la cabeza agachada, derrochando millones de lagrimas.
-Ya está, no te preocupes anda. -Le susurré en el oído-
-¿Qué no me preocupe? Vas sangrando y todo por mi culpa, tenía que haberme ido con él y ya está.
-Jesús no digas eso ni en broma, tú te vas a quedar conmigo. -Lo levanté y fuimos caminando despacio a casa de José, me dolía mucho el costado, y la pierna, la cara era lo de menos-
La verdad, es que no quería ir así, en estas condiciones a casa de José y que me vieran así, pero olvidé mis llaves en su casa.
-¿A quién llamaste? -Pregunté-
-A Malú, pero no me lo cogió.
Caminaba cojeando, mi hermano estaba bien, por suerte, si llego a tardar unos minutos más, quizás mi padre ahora mismo estaría haciéndole esto a él.
Me levanté un poco la camisa, la cara de Jesús se transformó, se asustó bastante, tenía el costado mal, su patada había impactado fuertemente en mi. Jesús se dio un poco de prisa, se adelantó y llamó corriendo al timbre. No podía más, mi cuerpo entero me dolía, mis piernas parecían haber muerto, perdí el equilibrio y caí al suelo lentamente, tan solo estaba a unos pasos de la casa de José.
-José, corre, abre. -Escuchaba los gritos de Jesús-
José abrió la puerta, Jesús me señaló y José vino a mi corriendo. Me levantó despacio, sin decir palabra, me cogió con ayuda de mi hermano Jesús y me metieron a su casa.
-¿Que ha pasado? -Decía José-
-Mírale el costado. -Decía Jesús angustiado-
Apareció Malú que bajó las escaleras corriendo cuando nos escuchó.
-Mario, que te ha pasado cariño. -Decía, mientras una lágrima bajaba por su mejilla-
No podía hablar en ese instante, no me salían las palabras, sentía dolor, muchísimo dolor, parecía que me estaban matando. Llamaron a la ambulancia, no podía moverme hacia el coche, así que decidieron llamar a la ambulancia, vinieron rápidamente y me subieron a ella, Jesús quería venir conmigo, pero no le dejé, no quería que me viera así, se quedó con José y Malú se subió a la ambulancia conmigo. Me cogió de las manos y me apretó fuertemente. Besaba mis labios heridos lentamente, me dolían bastante, pero su beso logró calmar mi dolor.
Llegamos al hospital, enseguida me atendió una enfermera, una chica morena con los ojos azules, era muy guapa. Me subieron a la habitación cuando ya me habían cosido la brecha de mi ceja y me habían curado un poco las heridas.
El dolor se me había calmado un poco, gracias a la pastilla que me habían dado, en la habitación no dejaba de tocarme mi costado, el dolor se me calmó, pero me seguía doliendo bastante, era como tener algo clavado ahí.
Llegó Malú, nada más verla sonreí, intenté sentarme ya que estaba acostado en esa pequeña cama, pero no pude, el dolor aumentó, rápidamente me llevé la mano al costado, era lo que más me dolía. Malú notó mi dolor y se acercó rápidamente a mi, para decirme que me estuviera quieto, me acomodó la almohada y depositó un ligero beso en mi mejilla, se sentó en el sillón que había al lado y me preguntó que qué pasó, le conté todo lo ocurrido y una lagrima bajó por mis mejillas, se me hacia duro creer que si llego dos minutos más tarde, Jesús quizás ya no estaría allí, estaría con mi padre. Malú cogió mi mano y me la apretó muy fuerte, susurrándome en el oído. -Tranquilo, ya pasó, estoy aquí a tu lado.
Sus palabras me llegaron al alma, la quería muchísimo, más que a mi vida. Pronto llegaron visitas, la más esperada, la de mi hermano Jesús, que nada más verme me abrazó, me dio un poco en el costado con su brazo, me dolió, pero el abrazo de mi hermano era lo que más deseaba en estos momentos. Malú había bajado a la cafetería con su hermano y nos dejó a Jesús y a mi a solas.
Ya era de noche, me pasé el día acostado en esa cama, con dolores por todos lados.
-Me quedo esta noche contigo. -Dijo Malú-
-Malú, no. Si te ve alguien van a sospechar y van a empezar a hablar. Vete a casa, tranquila, estoy bien.
-Me da igual, no te voy a dejar aquí solo con esa enfermera. -Rió-
-Reí, pero el dolor volvió a mi-
Al final la convencí para que no se quedara, era duro convencerla de algo, pero no iba a dejar que por quedarse aquí a la noche empezaran a publicar cosas sobre ella, no iba a permitirlo.
Durante la noche, no sentí dolor apenas, me habían dado una pastilla antes de dormir para calmar los dolores y había funcionado bastante bien.
-¿Se encuentra bien? -Preguntó la enfermera-
-Sí, un poco mejor. ¿Cuándo me dan el alta?
-Quizás, esta tarde. Según veamos como sigue tu costado. -Sonrió-
La verdad es que tenía una sonrisa muy bonita, pero no se parecía en nada a la de ella, que apareció de repente en la habitación mientras que yo hablaba con la enfermera.
-Yo ya me iba, si necesitas algo me llamas Mario. -Sonrió-
-¿De qué hablabais? -Preguntó Malú un poco seria-
-Le he dicho si tenía planes para esta noche.
-Imbécil -Respondió-
-Reí, y rápidamente me llevé las manos al costado-
-¿Cuándo te dan el alta? -Preguntó-
-Quizás esta tarde, aún no lo sé.
Llegó la tarde y así fue, me habían dado el alta, ya solo tenía el costado con mal color, un color morado, me habían mandado unas pocas pastillas para tomar tres veces al día, durante cuatro días y una pomada para el costado.
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