-Narra Mario- Me desperté a las cuatro de la mañana, me sonó el teléfono y miré rápidamente para no despertarla, era un número muy raro, no contesté, puse el móvil en silencio. Volví a abrazarla, estaba ardiendo, ardía más que nunca y comencé a asustarme. Estaba pálida y con treinta y nueve de fiebre, fui corriendo a coger un paño de agua para ponerlo en su frente y que le bajara la fiebre, la destapé un poco y me quedé al lado de ella, esperando a que le bajara la fiebre. No podía dormirme y dejar que su fiebre aumentara. Más o menos a las cinco y cuarto le bajó un poquito la fiebre, seguía con unas décimas. Pasé unas horas contemplando su belleza, era enormemente preciosa.
No podía volver a conciliar el sueño, daba vueltas por toda la casa, me recorría todos y cada uno de los rincones del hogar. Al final me quedé dormido en el sillón, los párpados se me cerraban, los ojos me ardían, necesitaba dormir, había dormido una hora o dos escasas.
-¿Qué haces aquí durmiendo? -Preguntó Jesús-
-Qué haces despierto a las ocho de la mañana, con lo que te gusta a ti dormir.
-Tengo hambre -Rió-
-Pues desayuna, no querrás que te haga yo el desayuno.
-A mi no, pero si a Malú. -Sonrió-
Me levanté del sillón, dirigiéndome a la cocina, Jesús preparó un zumo de naranja, mientras que yo preparaba unas tortitas con chocolate por encima, cómo a ella le gustaban. Me acordé de una pequeña casa de campo, donde íbamos Jesús y yo con nuestra madre ha tocar canciones, esa pequeña casa era como nuestro refugio, allí nos reuníamos los tres para cantar y tocar algunos instrumentos. A Malú le vendría bien unos días de descanso, así que cogí un poco de ropa de ella, de Jesús y un poco mía, lo suficiente como para pasar unos días en aquella casa de campo, un poco vieja.
Llevé el desayuno al dormitorio. -Buenos días amor. -Sonreí-
-Buenos días, que rico -Exclamó-
-¿Quién yo? -Reí-
-No, el desayuno. -Me miró, mordiéndose el labio inferior-
-Reí-
Tendríais que verla, comiendo las tortitas con chocolate, pasando la lengua por el labio superior y poniendo cara de niña pequeña, me hacía mucha gracia verla así, era tan natural, tan perfecta.
-Llevas chocolate por todo el labio -Reí-
-¿Y a que esperas? -Sonrió-
Me lancé a su boca, besando sus dulces labios. Terminó de desayunar, se lo comió todo no dejo nada para mi, en alguna ocasión intenté quitarle algo pero ella me miraba y decía `es mio´ a la vez que reía.
-Vístete que nos vamos.
-A donde? -Preguntó- No tengo ganas, quiero quedarme todo el día aquí acostada.
-Es una sorpresa, anda venga.
Se vistió y ya teníamos todo preparado, los macutos con la ropa estaban en el maletero, un poco de comida para el viaje. Jesús estaba con el móvil, Malú también, estaba en Twitter, echando un vistazo a sus notificaciones. Malú parecía una niña pequeña, no paraba de preguntar, `Cuánto queda´ `Hemos llegado´ esas palabras decía durante todo el viaje, yo me reía y le pedía calma.
-Jesús, a donde vamos -Dijo susurrando-
-Es sorpresa. -Respondió Jesús-
Malú se desesperaba, no le decíamos nada y ella se ponía más y más nerviosa, Jesús y yo reíamos al verla. Tras unas dos horas de viaje, estábamos a punto de llegar, hacía dos meses que no volvía a ir a esa casa, desde que murió mi madre, íbamos muy poco. La última vez que fui, fue por que necesitaba estar solo, olvidarme de los problemas, olvidarme de todo. Llegamos y Jesús bajó corriendo del coche y entró rápidamente a esa pequeña casa, un poco vieja.
-¿Y esta casa? -Preguntó sonriendo-
-Pues, el refugio de Jesús y mio cuando eramos más pequeños.
-Me recuerda mucho a cuando era pequeña, me encanta. -Sonrió-
-A mi me encantas tú. -Le dije mientras la cogía de la cintura, para besar sus dulces labios que me volvían loco-
No os podéis imaginar el cosquilleo que sentía al tenerla frente a frente, al tener su mirada clavada en la mía, su sonrisa a unos centímetros de la mía. Mirarla, sonreír como un idiota y preguntarme ¿Qué hace para gustarme tanto?. El día en el que la besé por primera vez supe que no quería a nadie que no fuera ella, no necesito a nadie más, ella es todo lo que quiero. He echo cosas por ella, que jamás imaginé que haría por nadie.
Pasamos dentro de la casa, Jesús estaba acostado en el sillón, viendo una película. Malú subió al dormitorio y yo subí detrás de ella. Al llegar allí, me lanzó a la cama y se tiró encima mía, desabrochando los botones de mi camisa rápidamente y depositando pequeños besos en mi pecho, acariciando mi abdomen, subiendo hasta el cuello, acabando por la boca, nuestras lenguas volvían a unirse, jugaban como locas, se echaban de menos. Quité su camiseta, desabrochando su sujetador, acariciando su espalda desnuda, su pecho y el mio estaban pegados, besando su dulce cuello, mientras acariciaba rápidamente toda su espalda, subiendo hasta su pecho, perdiéndome en su boca, en su piel. Se escucharon varios gemidos. Una sonrisa rápidamente se nos dibujó en nuestra boca. Estuvo abrazada a mi pecho desnudo durante un buen rato.
Bajamos al pequeño jardín que había, sentados en un banco, yo sin camiseta, hacía mucho calor, ella con una camisa que le llegaba por debajo de la cadera, abrazados en aquel banco. De repente vimos un flash de una cámara que se disparó a nuestros ojos, miré rápidamente a Malú, ella cambió la cara en menos de un segundo, vi salir corriendo a un chico, salí corriendo detrás de el, con esa foto podría arruinar a Malú.
Tras ir corriendo detrás de el unos minutos logré alcanzarle.
-Niño, borra esa foto ahora mismo.
-No quiero. Va a salir en todos los periódicos. -Contestó subiendo el tono de voz-
-Dame esa cámara -Alcé la mano para quitarla de su bolsillo-
-Que me la des, que es mía y esa foto va a salir en la prensa. -Decía chillando-
Borré la foto y le devolví la cámara.
-Aquí tienes tú cámara.
-Conseguiré echaros otra foto, ya lo veréis. -Chilló- Os voy a arruinar la relación, o como queráis llamarlo.
Tras una pequeña discusión con aquel chaval, de unos catorce años aproximadamente, volví a casa. Abrí la puerta y Jesús estaba durmiendo, subí al dormitorio y no había rastro de ella, sus cosas no estaban, unas lágrimas recorrían por mi mejilla, cogí el teléfono y la llamé, no me lo cogía, volví a llamarla, esta vez decía `El teléfono está apagado o fuera de cobertura´. El mundo se me derrumbó, se suponía que iba a pasar unos días a su lado, sin nadie que nos molestara, pero no ocurrió como yo quería. Los ojos se me inundaron, pasé la tarde entre lágrimas y lágrimas, acostado en la cama, sin querer salir de allí. Jesús entró en la habitación, había despertado ya.
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