De camino a casa, no pronunciamos palabra, había un silencio bastante incómodo, estaba apoyado en la ventanilla, con los ojos cerrados, pensando en todo lo que había ocurrido ese día, pero más todavía en la conversación con sus padres y José, la verdad es que a mi los niños me encantan, en mi última relación, la cual estuvimos juntos 3 años, a mi ex no le gustaban los niños, decía que no quería ser madre. La verdad, es que no la entendía, los niños es lo más bonito del mundo, son los que te alegran el día a todas horas, mientras estaba con ella tenía que conformarme con tener a mi hermano Jesús y a mis sobrinos. Sí, tengo una hermana mayor, la cuál desapareció de nuestras vidas cuando nuestra madre murió, se marchó sin decir palabra, ni nada. Perdimos el contacto, por desgracia, Jesús estaba encantado con sus sobrinos pequeños, siempre jugaba con ellos, veraneábamos juntos, etc. Intenté localizarla en varias ocasiones, pero fue imposible, era cómo si se la hubiera tragado la tierra.
Abrí los ojos, ella estaba concentrada en la carretera, nunca me deja conducir, la miré y una sonrisa apareció ligeramente en mi rostro. Rompí ese silencio, ese incómodo silencio.
-¿Y cuántos hijos tendremos? -Dije, pero al instante me arrepentí, no debía de haber dicho eso-
-¿Tendremos? -Me miró y soltó una sonrisa pícara-
-Bueno, tenerlos los vas a tener tú. Es imposible que los tenga yo, te lo recuerdo.
-Ella soltó una pequeña carcajada-
-¿Pero cuántos? Yo quiero una mini María Lucía.
-Idiota. -Rió-
No me contestó a la pregunta, no le di importancia, llegamos a casa y allí nos tumbamos en el sillón, ella apoyada en mi pecho desnudo pasando sus dedos por mi abdomen, esta vez fue ella la que empezó a preguntar.
-¿Por qué rompisteis tu ex y tú? -Acarició mi abdomen-
-Me cansé, me cansé de dar todo por alguien que no da nada por ti. No era la mujer de mi vida, aún no la había encontrado, pero ya la encontré.
-¿Y quién es, si se puede saber? -Suspiró-
-Te quiero. -Le susurré-
Pasamos la tarde así entre preguntas y preguntas, abrazados. Una pregunta, la verdad es que hizo que me descolocara un poco, que se me vinieran mil recuerdos a la cabeza.
-Jesús me comentó un día, que teníais sobrinos, es verdad?
-Sí, bueno. Hace dos años que no los vemos, mi hermana desapareció de nuestras vidas, sin dar una explicación. Echo de menos, no estar en sus cumpleaños, el día de reyes..
-¿Qué edades tienen? -Me abrazó-
-Pues ahora tendrán, 3 la pequeña Paula y 5 el pequeño Marco. -Cogí el móvil y le enseñé una foto que tenía de ellos, la última foto que les eché. Estaban más pequeños, pero seguro que igual de preciosos-
-Son preciosos, Marco se parece a ti, tiene los mismos ojos azules que tú. -Sonrió-
Sonó el timbre y rápidamente fui a abrir, era Jesús que iba acompañado de José.
-¿Qué hacéis aquí? -Sonreí-
-Tengo que hablar contigo, esta mañana te mentí. -Respondió Jesús-
Cerré la puerta y me senté en el sillón, también se sentó José al lado de Jesús y Malú a mi lado, la verdad es que me puse bastante nervioso, Jesús nunca me había mentido, ¿Por qué lo había echo?.
-A ver, cuando acabamos de grabar la final, no llamé a un amigo.
-¿A quién llamaste? -Respondí-
-Hace unos días, contactó conmigo, me vio en el anuncio de La voz Kids y me llamó.
-¿Quién? ¿Quién? -Volví a repetir-
-Irene
-¿De verdad? -Sonreí- ¿Y te ha mandado alguna foto de los pequeños o algo?
-Sí, volvemos a ser titos. -Sonrió-
-Otra vez, -Reí-
Sacó su móvil y me enseñó las fotos que le había mandado nuestra hermana, estaban preciosos, Marco seguía igual que hace dos añitos, con la misma cara de niño pillo, Paula había cambiado un montón, estaba preciosa, la última vez que la vi, aún no sabía hablar muy bien, tenía un lenguaje difícil de entender. Al ver a mi nuevo sobrino, Daniel, me entraron muchísimas ganas de ser padre, de tener a un pequeño que corra todas las noches a nuestra cama por que tenga miedo.
-Hermanita, no te están dando ganas de ser madre, viendo las fotos de tus nuevos sobrinos. -Rió José-
Ella no respondió, simplemente se mordió el labio inferior. Estuve hablando con Jesús, le hice millones de preguntas, él respondía a todas, más tarde me dio el teléfono de nuestra hermana y decidí llamarla, estaba nervioso, me temblaban las piernas, tenía sudores fríos.
-¿Quién es?
-Irene, soy yo.
-Mario, eres tú?
-Sí, podemos quedar para hablar? -Le pregunté-
-Claro, dame tu dirección y a las 7 estoy allí.
-Tráete a los pequeños, por favor. -Reí-
-Claro que los llevaré. -Rió-
Le dí la dirección y en menos de dos horas iban a venir a casa, estaba un poco más tranquilo, los sudores fríos habían desaparecido, al fin.
-Bueno, nosotros nos vamos a ir, entonces. -Dijeron José y Malú-
-¿Donde creéis que vais vosotros? -Reí-
-Mario, no pintamos nada aquí. -Dijo José-
-Quedarse, José, tu eres como un hermano para mi. -Respondió Jesús- y bueno a Malú la quiero muchísimo, como una hermana más, quizás como a una madre. -Sonrió-
Jesús los hizo cambiar de opinión y se quedaron. Malú me abrazó, seguidamente de un beso ligero en los labios.
-Hay menores delante, todos esos besos esta noche, cuando no estemos nosotros. -Dijo Jesús-
Un cojín salió disparado a su cara, pero él lo esquivó rápidamente. Sonó el timbre y Jesús salió corriendo a abrir. Entró mi hermana y los pequeños, Daniel iba en sus brazos, Paula iba detrás de ella, era muy tímida. Y Marco entró corriendo.
-Tito tito. -Se lanzó a mis brazos, el pequeño Marco-
Saludé a mi hermana y a los pequeños, Daniel subió corriendo a la habitación con Jesús para jugar a las consolas, José subió detrás de ellos.
-Irene, ella es
-Malú, la conozco, pero que hace aquí. -Respondió con una leve sonrisa-
-Malú y yo estamos saliendo juntos. -Reí-
Cogí a Paula en brazos y empezó a soltar cosas por su pequeña boca, esta vez si se la entendía.
-Bájame o lloro. -Decía la pequeña-
Le hice caso, no quería que empezara a llorar, por que ya estaba llorando el pequeño Daniel, que tenía 5 meses.
-Puedo cogerlo? -Preguntó Malú-
-Claro. -Respondió mi hermana, dejándolo en sus brazos-
La miré y no pude evitar sonreír, lo había conseguido, había conseguido que Daniel se calmara, cosa que parecía imposible, porque mi hermana había dicho que lloraba mucho. Pues en los brazos de ella se calmó, se quedó tranquilo, muy tranquilo, incluso se quedó dormido minutos después.
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