-Narra Mario- Vino Malú a recogerme, me esperaba dentro del coche, llevaba unas gafas de sol para que nadie la reconociera, aún caminaba con la mano en el costado, me seguía doliendo, bastante. Subí al coche, ella me recibió con la mejor sonrisa del mundo. Me senté como pude, cualquier movimiento que hacía me dolía más y más el costado.
-Te echado de menos. -Le dije-
-Todo este tiempo, he pensado en tu sonrisa y en tu forma de caminar. -Cantó-
Me encantaba verla sonreír, su sonrisa me hipnotizaba, me llevaba a las nubes. Me quedé mirándola, embobado.
-Mario, me estás escuchando? -Preguntó-
-Si, si. -La verdad es que no me había enterado de nada de lo que me había dicho-
-Y qué te he dicho? -Preguntó nuevamente sin quitar la mirada de la carretera-
-Que me quieres muchísimo.
-Yo no te he dicho eso. -Rió-
-Malú, no mientas. Si lo has dicho, no estoy loco. -Reí, pero al echar una carcajada me llevé la mano al costado y en mi cara se reflejó dolor, mucho dolor-
Llegamos a casa, Jesús salió corriendo para abrazarme, esta vez sí, el lo notó, me había dado en el costado y me había dolido bastante.
-Perdón -Dijo Jesús-
-No pasa nada feo.-Le dí un beso en la mejilla-
-Mario, vendrás mañana? -Preguntó-
-A donde?
-Es la final, he estado ensayando con José.
-Claro que iré enano.
La verdad es qué no me acordaba de la final, estos días andaba muy despistado. Fui a la cocina, allí estaba Malú, apoyada en la encimera mirando su móvil atentamente.
-¿Qué pasa Malú? -Le pregunté cogiéndola de la cintura-
-No, nada, no pasa nada. -Fingió una sonrisa-
Algo le pasaba, quizás no quería contármelo, pero la verdad por delante de todo siempre. Volví a insistir, pero esta vez me respondió un poco más borde, ya ni fingió una sonrisa, simplemente dijo.
-Qué no me pasa nada, joder.
Terminó de hablar y salí por la puerta, subiendo al dormitorio, me había molestado su respuesta, me duele que no confíe en mi, fuera lo que fuera yo iba a estar a su lado, apoyándola. Pero si no me lo quiere contar, allá ella. No pienso preguntarle más por eso, me encerré en el dormitorio, en ese momento no quería saber nada, cogí mi teléfono y vi que tenía varios mensajes, contesté a todos los que pude. Bajé al piso de abajo, me había entrado hambre, estuve bastante tiempo en el dormitorio. Bajé las escaleras y me dirigí a la cocina, allí estaba ella, no estaba sola, esta vez estaba con su hermano. Entré y saludé a su hermano, ella ni siquiera me dirigió una mirada, ni una palabra, nada de nada.
-Mario, estás mejor? -Preguntó José-
-Sí, más o menos.
Ella seguía mirando su teléfono, cogí algo para comer, una pieza de fruta y me marché.
-Os dejo que habléis, que molesto.
-No, quédate. -Dijo Malú- Tengo que hablar contigo.
No me esperaba para nada su respuesta, le hice caso, me quedé, quería saber lo que me tenía que decir. Su hermano salió de la cocina y se marchó con Jesús que estaba en la habitación.
-¿Qué tienes que contarme? -Pregunté-
-Verás, lo primero de todo perdóname por haberte contestado así hace un rato, pero me había puesto nerviosa, no entendía el por qué del mensaje.
-¿Qué mensaje?
-Pues mi ex, me ha mandado un mensaje, dice que quiere verme, que tiene que contarme algo.
-¿Y vas a ir?
-No lo sé -Respondió-
-Cómo que no lo sabes, tienes ganas de verlo sí o no? -Fui subiendo la voz-
-Quedó callada-
-Responde, joder. -Soplé- ¿Sientes algo por él?
-No olvidas a alguien de la noche a la mañana. -Respondió-
-Pues no pienso ser tu segundo plato. -Me levanté y me fui-
Salí a la calle, sin rumbo alguno, antes de salir di un portazo, estaba enfadado, no quería ser el segundo plato de nadie, estando conmigo y aun siente algo por el, no. Yo también tengo sentimientos, no solo ella. Todos los `Te quiero´ todos los besos, las caricias, todo era mentira. Ya estaba cansado, cansado de que me utilicen, mi última novia también me utilizó para olvidar a su ex y no, no estaba dispuesto a pasar otra vez por la misma situación. Sufrí bastante en mi última relación y no estaba dispuesto a sufrir otra vez.
Caminaba por la calle, daba vueltas, mil vueltas, empezó a dolerme el costado, se me había olvidado tomarme la pastilla, tenía que ir a casa para ponerme la pomada y tomarme la pastilla, no tenía ganas de llegar y verla, tenía los ojos inundados, volví a tener miedo, miedo de perder otra vez a la persona que mas quería, miedo de despertar y no verla a mi lado, miedo a verla con otro que no fuera yo.
Llegué a casa, ella seguía en la cocina, sentada en la silla, en la misma posición con la que la había visto antes de irme. Entré sin decir nada, cogí la pastilla y un vaso de agua y me la tomé. Más tarde, cogí la pomada, me quité la camisa y me la eché, haciendo pequeños masajes en el costado, me dolía mucho, pero más me dolía verla sentada a ella ahí, con lagrimas en los ojos.
-Malú, estás bien?
No se ni por qué pregunté eso, fue una estupidez.
-¿Cómo quieres que esté bien, si nunca me dejas acabar las frases? -Salió una lagrima, que recorría su mejilla-
-Me acerqué a ella, quitando las lagrimas que bajaban por su mejilla- Perdóname soy así, lo siento.
-Lo que quería decirte es, que no olvidas a alguien de la noche a la mañana, pero yo lo olvidé enseguida, me hizo daño, mucho daño. Tú eres lo mejor que me ha pasado durante mucho tiempo, créeme si quieres, si no da igual.
-Te creo. Perdóname soy un imbécil. -Me acerqué a ella y la abracé-
Sus labios se acercaron a los míos lentamente, hasta que se juntaron. Nos besamos con mucha ternura, mucha pasión, sus manos recorrían por mi pecho desnudo, me susurró en el oído. -Eres tonto por creer que seguía queriendo a mi ex, te quiero a ti y solo a ti. Me hizo sonreír, me olvidé de todo lo que había ocurrido, volví a su boca, esta vez con más fuerza que nunca, por una vez, quería cambiar, cambiar mi forma de pensar, soy muy pesimista, lo veo todo en blanco y negro, siempre hay problemas y todo será por mi culpa si la dejara terminar las frases, no pasaría nada de esto. Subimos a la habitación, Jesús se había ido con José a su casa a dormir, habían congeniado muy bien. Se tumbó encima mía, depositando besos ligeros en mi pecho desnudo, bajando al abdomen, subiendo al cuello, terminando en la boca. Nuestros labios encajaban perfectamente, como un puzzle. Sentí su respiración en mi oído, me agitó de una manera descomunal, sentir su respiración era lo mejor que podía pasar, sentirla tan cerca, sentirla a tu lado. Acaricié su pelo, ella puso su cabeza en mi pecho y me abrazó, pasamos la noche abrazados.
Me desperté temprano, cuando los rayos de sol llegaron a mis ojos, como siempre, se me olvidó bajar la persiana, me levanté con mucho cuidado para no despertarla, me di una ducha rápida, me vestí y fui a una floristería, a comprar un ramo de rosas blancas. Llegué a casa, menos mal que aún seguía dormida, empecé a escribirle una nota.
Eres lo más bonito que me ha pasado en esta vida y eres tan increíble que aveces pienso que todo es un sueño. Cada momento a tu lado es especial, contigo me siento en el paraíso, llegaste a mi vida cuando menos lo imaginé y no quiero que te vayas jamás. Creí que no volvería a enamorarme, pero llegaste tú y todo cambió, te adueñaste de mi corazón, eres lo mejor de esta vida. No desde siempre, pero si para siempre. Te quiero. -Ponía en la nota, que dejé junto al ramo de flores en la almohada-
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