lunes, 31 de marzo de 2014

Capítulo 23.

-Mario, despierta. -Escuchaba de fondo-
Alguien empezó a pasar sus labios por todo mi abdomen, abrí los ojos y la vi allí. Depositando pequeños besos por mi abdomen, me levanté de la cama de un pequeño salto, salí corriendo al aseo, se suponía que debía de estar allí, allí tendría que estar el test de embarazo, pero no, no estaba, no había ni rastro, volví al dormitorio, pensando en que estaría allí, pero tampoco. Ella me miraba extrañada, demasiado.
-Malú, dónde está el test? -Pregunté, cogiéndola de la mano-
-¿Qué test? ¿Mario estás bien? -Preguntó dos veces esto último-
-El test de embarazo.
-¿Quién está embarazada? -Preguntó-
-Nada olvídalo.
Increíble pero cierto, todo había sido un sueño, todo lo del embarazo era mentira, parecía tan real, la verdad, es que me hacía muchísima ilusión ser padre y más ganas después de haber tenido este sueño, ojalá hubiese sido verdad, me ilusioné. Malú no entendía nada, me miraba extrañada, puso sus manos en mi espalda, no sé ni como ni por qué, pero me ericé, sentí un gran escalofrío. Por un lado me alegré, me alegré por que no todo había sido un sueño, mis sobrinos, eso no había sido un sueño. Me dolía la cabeza, parecía que me estaban matando, me dolía fuerte, demasiado. Me levanté raro, algo me pasaba no sé el por qué, pero ojalá que no fuera nada malo. Bajé a la cocina, allí estaba Malú con Jesús, estaban desayunando, creía que Jesús estaba con José, pero a los minutos recordé que había sido un sueño.
-Mario, esta noche estrenan La Voz Kids en televisión, al fin. -Suspiró-
-Sí. -Mi respuesta fue corta y demasiado seca, hoy no tenía un buen despertar-
-Estás más borde últimamente, pensé que te haría más ilusión, pero ya veo que no. Le hace más ilusión a José que a ti, ¡Ojalá fuera él mi hermano! -Esto último lo chilló, esas cinco palabras se me clavaron en el alma, cómo si de una espina se tratase, sí, me dolió bastante, quizás tenía razón. Jesús salió de la cocina gritando, salió a la calle, escuché un portazo, Malú salió detrás de él. ¿Y yo? ¿Por qué no salí tras él? ¿Por qué me quedé quieto? La verdad es que ni yo mismo entendía mi comportamiento, trataba diferente a las personas que más quería, me tomé una pastilla, el dolor de cabeza aumentaba por instantes. Tras esto me dí una ducha de agua fría, me vestí y salí por la puerta. Fuera estaba Malú, acompañada de Jesús, que este al verme se metió a la casa, ni siquiera me miró, nuestros hombros chocaron, quizás me dio a propósito.
-En un par de horas vuelvo. -Me acerqué a ella para darle un beso ligero en los labios, pero apartó su cara y mi beso quedó en su mejilla-
-Adiós. -Sí, así se despidió de mi, no entendía mi comportamiento, pero tampoco entendía el de ellos-
Bueno, pues salí de allí, quería salir cuánto antes, hoy no era mi día, faltaba algo más para que me pasara? me preguntaba una y otra vez en mi cabeza. En unos minutos llegué al restaurante en el que trabajaba, entré y me dirigí a la cocina a saludar a mis compañeros, al entrar rápidamente me dijeron. -Paco quiere hablar contigo.
Paco era mi jefe, un hombre bastante alto, con la voz muy grave, con muchísima barba y todos le temían, bueno, casi todos. Cuando el jefe quería hablar con alguno, era por algo bastante serio, normalmente no solía hablar con nosotros. Pues sí, así fue. Nada más entrar me lo dijo, dos palabras rápidas de decir, dos palabras que dolieron.
-Estás despedido. -Soltó de repente, su mirada clavada en la mía, agaché la mirada rápidamente, estaba claro que hoy no era mi día. Salí de allí, sin decir palabra. Me pagó el mes que me debía y salí, salí huyendo de allí, comencé a caminar, no sabía hacia donde iba, quería irme lejos, quería desaparecer por unos instantes. ¿Por qué me pasaba todo esto a mi?. Seguía caminando, hasta llegar a un parque, en el que me senté en un banco, habían muy pocos niños, dos o tres nada más. Y ahora que sería de mi, como sacaría adelante a mi hermano, el alquiler, todo. Cogí un papel y un bolígrafo y empecé a escribir, no sabía ni siquiera lo que escribía, pero llené el folio enseguida, en menos de diez minutos. Lo doblé y lo guardé en el bolsillo, me levanté de allí y comencé a caminar, esta vez con un rumbo, rumbo a mi casa. No quería llegar la verdad, pero empezaba a refrescar y aún no había comido, aun que cuando llegué tampoco lo hice. Llegué y no había nadie en casa. Cogí la guitarra, me senté en el sillón y empecé a improvisar. Estuve unas horas allí, sentado en aquel sillón negro, con la guitarra en mis manos. Llamaron al timbre y los escuché, la verdad es que me hacía falta despejarme y que mejor forma que estando con tus sobrinos. Pues sí, apareció mi hermana, acompañada de los pequeños. Les invité a pasar, pero no, tenía prisa, se iba a llevar a Paula a un cumpleaños y Marco quería quedarse conmigo, acepté. Cogí un balón de fútbol, dejé la guitarra y el folio que había doblado en mi bolsillo encima del sillón, cogí al pequeño en brazos y salimos de allí, esta vez nos quedamos en un descampado que había enfrente de la casa, allí empezamos a darle patadas al balón, corriendo de una punta a otra, riendo como dos niños pequeños, disfruté muchísimo. Marco cuando me marcaba se subía la camisa y daba una voltereta apoyado en el suelo, así hice yo, di una voltereta, pero sin apoyar mis manos en el suelo, Marco quedó con la boca abierta, me repetía mil veces que volviera a hacerla, la hice dos veces más y volvimos a nuestro pequeño partido. Mi sobrino gritaba en varias ocasiones -Tito, Malú allí. Y yo como un tonto miraba rápidamente, mi cabeza giraba en tan solo unos segundos, el pequeño me había marcado en varias ocasiones gracias a esas tres palabras que salieron por su boca disparadas. Esta vez, el pequeño volvió a gritarme esas tres palabras, no le creí, después de habérmelo dicho en varias ocasiones y  haber mirado como un idiota, esta vez no miré. Volvía a repetírmelo entonces, me giré, allí estaba ella a unos pasos de mi, no sabía que hacer, si salir corriendo hacia ella o si girarme y seguir jugando con mi sobrino, como si no la hubiera visto. Pero no iba a quedar muy convincente, así que me acerqué a ella, caminaba lento, el corazón me latía a mil por hora. No sabia como iba a reaccionar, esperaba que bien.
-¿Tú no trabajabas? -Dijo ella, frunciendo el ceño-
-Tú misma lo has dicho, trabajaba. Me han despedido.
-Joder, lo siento. -Me abrazó, lo agradecí, agradecí ese abrazo por que lo necesitaba, necesitaba sentirla tan cerca, necesitaba que el olor de su perfume volviera a mi y me hiciera sacar una sonrisa enorme-
-He hablado con Jesús.
-¿Y qué te ha dicho? Tengo que hablar con él.
-Que lo siente mucho por como te ha tratado. -Sonrío-
Tras una larga conversación en la que acabó en un beso a fuego lento y más tarde a olla exprés, cogimos a Marco y entramos a casa. Marco y yo, entramos en la cocina para preparar su merienda, el pequeño tenía hambre. Tras unos minutos de larga espera, esperando a que terminara de desayunar salimos de allí, el pequeño subido a mis hombros. Llegamos al salón y allí estaba ella, con el folio en la mano, me miró con los ojos abiertos como dos platos.

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