jueves, 27 de marzo de 2014

Capítulo 20.

Pasamos la tarde contándonos cosas, mi hermana me contó que es lo que había estado haciendo durante estos dos años, había estado en Nueva York, su marido encontró trabajo allí y tuvieron que irse a vivir. Pero hace poco se vinieron de vuelta a España, ya que lo pilló con otra mujer, ahora mi hermana está aquí con los tres pequeños, me dijo en varias ocasiones que estaba sola, pero no, no está sola ni nunca lo estará, aquí me tiene, para todo, para cuidar de los pequeños, para ayudarla. Es mi hermana y no voy a permitir que esté triste ni nada, porque os puedo asegurar que es una persona maravillosa y tiene una sonrisa que vale millones, una sonrisa que cuando sonríe inmediatamente te sale a ti una sonrisa de oreja a oreja. 
-Bueno, nosotros nos tenemos que ir ya. -Dijo Irene- 
-Marco y Paula empezaron a llorar-
-Déjalos que se queden a dormir. -Le respondí, abrazando a los dos pequeños- 
-Está bien, mañana por la mañana vendré a por ellos. -Dijo mientras cogía al pequeño Daniel de los brazos de Malú- 
Mi hermana se marchó, Paula y Marco empezaron a saltar y a dar palmas, Malú sonreía, su mirada brillaba cada vez más, miraba a los niños y se le salía una pequeña sonrisa. Era increíble la forma en la que los trataba, la forma en la que había conseguido que el pequeño Daniel se calmara y se durmiera en sus brazos, la forma en la que abrazaba a Paula, con la que estuvo jugando bastante tiempo. Paula bajó y se sentó a mi lado, después bajó Malú. 
-Tito, me encanta jugar con tu novia. -Me susurró en el oído para que Malú que estaba a nuestro lado no nos escuchara- 
De repente, tras decir estas palabras la pequeña Paula la abrazó y Malú sonrío, más fuerte que nunca, su mirada comenzó a brillar, se notaba que le encantaban los niños, mi sobrina le había cogido mucho cariño a ella, en tan solo unas horas, era increíble. Las dos mujeres más importantes de mi vida, ahí estaban abrazadas. 
-Tita, tengo hambre. -Le dijo Paula a Malú, que la descolocó, no se esperaba que la llamara tita- 
Malú la cogió en brazos y se dirigieron a la cocina, donde cerraron la puerta y no dejaban entrar a nadie, lo intenté en varias ocasiones, pero no conseguí entrar, se les escuchaba reír, reír bastante. Logré escuchar en varias ocasiones. -Tita, que se quema. Esas palabras me hicieron sonreír, Paula era muy cariñosa y esta noche lo estaba demostrando. Bajaron de la habitación José, Jesús y el pequeño Marco. Mi hermano Jesús llevaba una mochila con su ropa, se iba a dormir a casa de José, me despedí de ellos y cogí a mi sobrino en brazos. 
-Marco, tenemos que conseguir entrar en la cocina, tenemos que ver que están haciendo para cenar. -Le miré y sonreí- 
-Vamos tito, somos dos espías. -Sonrió el pequeño- 
Así fue, abrimos la puerta de la cocina muy despacio y el pequeño Marco se metió debajo de la mesa que había, como era tan pequeño no se le veía. 
-Tito, ven, ahora tú. -Susurró- 
Le hice caso, intenté meterme tras la mesa, era imposible, nos acabarían pillando y así es, un pequeño golpe me di en la cabeza y Paula inmediatamente al escucharlo se agachó y nos pilló. 
-Tita, tita, nos estaban vigilando. -Rió- 
Salimos de debajo de la mesa, nos habían pillado, olía muy bien, al fin vimos lo que estaban preparando para cenar, unos macarrones con salsa. Sé que llevaban salsa, porque Paula llevaba toda la boca llena de tomate, iba tan graciosa, con su pelo rizado rubio, sus dos coletas, su sonrisa pícara y sus ojos azulados. 
Marco inmediatamente al verla a Paula, cogió corriendo y probó la salsa de tomate, también se manchó toda la boca, me hacía gracia verlos así, llenos de tomate. Marco era más revoltoso que su hermana, era un pequeño terremoto. Malú cogió una servilleta y les limpió la boca a los dos pequeños, estos seguidamente la achucharon. No hacía falta ninguna palabra, la miré y ella me devolvió la mirada con una sonrisa enorme. Terminaron de hacer la cena, Marco y yo pusimos la mesa y una vez que la pusimos nos sentamos todos a cenar.
-Mmm, están buenísimos. -Exclamé-
-Tito, los he cocinado yo. -Dijo la pequeña, para llevarse todo el mérito- 
-Tito y tú tienes hijos. -Preguntó Marco-
-No, aún no. Pero os tengo a vosotros enanos. -Sonreí- 
-Malú y que te gusta hacer. -Preguntó Paula- 
-Jugar con una niña tan guapa llamada Paula. 
-La pequeña sonrió y la abrazó- 
Terminamos de cenar, subí con el pequeño Marco para darle una ducha. La pequeña no quería que la duchara yo, quería que la duchara Malú. Cómo teníamos dos baños, entramos a que se ducharan uno en cada baño, el pequeño Marco me dijo que hiciéramos una carrera que les íbamos a ganar y así es. 
-Preparados para perder. -Gritó Paula, desde el otro baño- 
-Un, dos, tres. Ya. -Exclamó Marco- 
Empecé  mojando su pelo rubio y echándole champú por todo el pelo, acompañado de un pequeño masaje en la cabeza, rápidamente de un chorro de agua que le quitaba todo el champú del pelo. Terminamos unos minutos más tarde, lo saqué de la ducha y lo rodeé con una toalla. Sequé su pelo rubio, y todo su cuerpo y seguidamente le puse el pijama. Mientras yo recogía el baño, el salió de él gritando. -Hemos ganado. -Reía- 
La pequeña Paula salió un poco después en los brazos de Malú. 
-Tita, podemos ver los dibujos. -Sonrió Marco, que se dirigió a Malú- 
-Claro que si. -Le sonrió ella- 
Nos sentamos en el sillón los cuatro, Paula acurrucada en los brazos de Malú y Marco con su cabeza en mi pecho, echaron pequeñas carcajadas con los dibujos, a día de hoy, puedo decir que el sonido más bonito es la risa de mis sobrinos, una risa tan peculiar que nos hacía sonreír a ella y a mi. Pasaba el tiempo, Malú me miraba y sonreía, los pequeños se habían quedado dormidos encima de nosotros, lo mejor del mundo. Los cogimos en brazos y entramos a la habitación de Jesús y los acostamos en la cama a los dos pequeños, Malú los arropó y les besó la mejilla a cada uno, salió de la habitación con una sonrisa enorme, la miré y sonreí, la cogí de la cintura y besé sus labios, los echaba de menos. 
Fuimos al salón, nos volvimos a tumbar en el sillón, esta vez la que estaba apoyada en mi pecho era ella. Hacía círculos con sus dedos en mi pecho desnudo. 
-Me encantan tus sobrinos, son puro amor. -Susurró- 
-Querrás decir nuestros sobrinos. -Sonreí- 
La levanté un poquito para poder besar sus labios, perdiéndome locamente en ellos, volviendo a unir nuestras lenguas que ya se echaban de menos, recorriendo cada centímetro de su piel con mis dedos, depositando pequeños besos en su cuello, mordiendo su labio inferior, ella tan solo sonreía, su sonrisa lo decía todo. La cogí en brazos y la subí al dormitorio, no pesaba mucho, un poco más que mis sobrinos, llegamos allí y me tumbé encima de ella, besando su pecho desnudo, subiendo al cuello, acabando en la boca, pasando mis manos por su cintura desnuda, ella pasaba sus manos por mi pelo, se escucharon un par de gemidos, volví a su boca, esa boca que me volvía loco, que me hacía perder el control rápidamente, volví a ella y entrelazamos nuestras lenguas, nuestras bocas encajaban perfectamente, como si de unas piezas de un puzzle se tratase. Quedamos dormidos, el uno encima del otro, una pequeña voz nos despertó de madrugada. 
-Tita, tengo miedo. -Dijo la pequeña Paula- 
-No la despiertes anda, venga acuéstate aquí. -Le dije- 
-Ven, ponte aquí a mi lado pequeña. -Contestó Malú que ya se había despertado- 
Volvimos a quedar dormidos, pero al despertar no estábamos solos, el pequeño Marco también estaba con nosotros, estaban los dos pequeños abrazados a ella, a mi casi me tiran de la cama. Me levanté sin hacer mucho ruido y me quedé observándolos durante un largo período de tiempo. Cogí el móvil y sin pensarlo les eché una foto. Se me olvidó quitar el flash y hizo que se despertara Malú, que los vio a los dos acurrucados, abrazados a ella, me miró, sonrió y me dijo -Que bonito despertarse así. 
Yo solo sonreí, no tenía palabras. Malú estaba encantada con Paula y con Marco.  

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