-Narra Mario- Me despertó entre besos y caricias, sus manos recorrían lentamente por mi espalda desnuda, la miré y su sonrisa lo decía todo, sus ojos brillaban y los míos mucho más. Se tumbó encima de mi pecho, yo le tocaba el pelo suavemente y ella pasaba su mano por mi abdomen.
-Y si nos quedamos todo el día aquí, abrazados en la cama, entre beso y beso? -Reí-
-Tú lo que quieres es que no vayamos a casa de mis padres. -Me miró fijamente-
-Que bien lo sabes -Reí- Si yo voy encantado, pero es que no quiero ni imaginar su reacción.
-Eres idiota, mi hermano ya lo sabe, se lo comenté ayer a la tarde.
-Y qué te dijo? -Pregunté-
-Pues que me va a decir idiota, que tiene ganas de conocer a su cuñado. -Rió-
Tras estar un buen rato entre caricias y caricias, nos levantamos. Malú marchó a vestirse, yo fui al dormitorio de invitados, allí estaba Jesús. Él estaba despierto, estaba con el móvil.
-Enano, déjate el móvil y ve a ducharte que nos tenemos que ir.
-A donde? -Preguntó-
-Tú dúchate, que vamos a llegar tarde.
Escuché a Jesús renegar por el pasillo, no le dije a donde íbamos, después se lo diría.
-Mario -Gritó Malú-
-Qué pasa?
-Estoy bien? -Rió-
-Estás como para hacerte café en las mañanas, caricias en las tardes y el amor por las noches.
Se acercó a mi rápidamente y me besó, nuestras lenguas volvían a jugar, ella sonreía sin parar, tenía una sonrisa preciosa. La miro y me pregunto, ¿Qué haría yo sin ella?, ella es la que alegra y endulza mi cara todos los días, la que aguanta mis bromas, mis malos humores.
Jesús salió del aseo, le conté a donde íbamos y se puso muy contento. -Voy a conocer a Pepe de Lucía.
-Sonreía y daba palmas-
Malú sonreía, y yo me quedé alucinado con la reacción de mi hermano. Estábamos listos, montamos en el coche, esta vez no puso la radio. Jesús hablaba por el móvil y yo mirando por la ventana, estaba nervioso, me entraban sudores, Malú me miraba y reía. Nos acercamos más y más hasta llegar a la casa de sus padres, Jesús y Malú bajaron corriendo del coche, yo tardé un poco más, me temblaban las piernas. Bajé del coche, iba al lado de Jesús, ella iba un poco más adelantada. En el patio estaban José y sus padres, Malú los saludó con dos besos en la mejilla a cada uno, Pepe nos miró y preguntó -Y ellos quién son, hija?
-Mira, él es Jesús está en mi equipo Kids
-Sí a el si le he visto -Le interrumpió-
Malú me cogió de la mano, su hermano reía y su padre nos miraba, frunció el ceño. -Y él? -Preguntó-
-Papá, él es su novio -Dijo José-
-Pero cállate, que se lo iba a decir yo. -Respondió Malú, mientras le daba un pisotón-
-Chiquillo, dinos tu nombre. -Dijo Pepi-
-Ah si, yo soy Mario, Encantado. -Les dije-
Me presenté, le di dos besos a Pepi, era muy graciosa, la verdad, es que me sentía incomodo, Pepe me miraba de los pies a la cabeza continuamente, y me ponía nervioso.
Jesús, se puso a hablar con Pepe y con José, Malú me miraba y sonreía.
-Maestro, tócate algo y cantamos la de `Al Alba´ tu padre y yo. -Dijo Jesús, dirigiéndose a José-
José le hizo caso, empezó a tocar la guitarra, Pepe empezó a cantar y Jesús le siguió. Malú me cogió de la mano y me metió dentro de la casa.
-¿Quieres que nos vayamos? -Preguntó-
Tenía ganas de irme en ese momento, estaba incomodo, pero tendría que aguantar por ella y conocerlos mejor y coger confianza, así que me negué.
-No, tranquila. -Sonreí-
Me abrazó, Pepi nos pilló. -Que graciosos -Dijo-
Malú sonrió y se marchó fuera, yo me quedé dentro hablando un poco con Pepi, al fin y al cabo, era la que me transmitía mas confianza.
-Chiquillo, estás muy delgado. ¿Tú comes bien? -Preguntó-
-Empecé a reír, era muy graciosa y su acento era increíble-
Estuvimos hablando un buen rato, después volvimos a salir al patio, donde estaban los demás. Malú estaba abrazada a Jesús, vi esa imagen y una sonrisa se dibujó rápidamente en mi cara.
-Mario, hay que ver que bien canta el chiquillo -Dijo Pepe-
-Reí-
-Y tú cantas o tocas algún instrumento? -Me preguntó-
-Sí, toco la guitarra y canto un poquito.
-Canta algo, que te escuche. -Sonrió-
Rápidamente miré a Malú y ella me guiñó el ojo, Jesús se ofreció a cantar conmigo, algo que agradecí mucho, porque cantar delante de un maestro como lo era Pepe, me daba mucha vergüenza.
Cantamos un trozo de la canción de Pablo Alborán, seré. Una canción preciosa.
-Si tenéis la misma voz, tu hermano y tú. -Dijo Pepi-
Poco a poco me fui soltando un poco más, llegué a tener varias conversaciones con Pepe y José, empecé a coger confianza con todos, con la que más con Pepi y con José.
Terminamos de comer y Malú decidió marcharse a casa, no tenía muy buena cara, estaba pálida. Nos montamos en el coche, esta vez conducía yo, no iba a permitir que conduciera ella en su estado.
-Amor, ¿Qué te pasa? -Le pregunté, tocando su pierna, pero sin apartar la mirada de la carretera-
-Tengo frío, me duele muchísimo la cabeza. Llegamos a su casa, durante el camino no dijo nada, entramos y se acostó en la cama. La besé en la frente y estaba ardiendo, fui a por un paño de agua para ponerlo en su frente, ella estaba tiritando, no sonreía, se me partía el corazón verla así, echaba de menos su sonrisa. Se quedó dormida, yo seguía a su lado, controlando su fiebre. Cogí el teléfono, hacía tiempo que no lo encendía, lo tenía apagado unos días. Tenía más de cien mensajes en WhatsApp, de dos conversaciones. Eran mi padre y Sara, mi amiga. Mi padre, me mandó muchísimos, preguntando como iba todo, que estaba arrepentido y que nos echaba de menos, no le creí, no se por que razón pero no le creía. Algo de nosotros querría, no le respondí, borré su numero de teléfono, no quería saber nada de él, nos hacía la vida imposible, esta vez no nos la volvería a hacer, Jesús y yo ahora eramos felices y ni mi padre ni nadie nos volvería a estropear la vida.
Sara me decía que tenía que hablar conmigo, en ese momento no la respondí, estaba pendiente de Malú, a ver si le bajaba la fiebre. Volví a tocarle la frente, esta vez no la tenía ardiendo, la fiebre se le bajó. Habían pasado unas dos horas más o menos, Malú se despertó y me abrazó.
-Gracias por estar aquí a mi lado. -Me susurró en el oído-
-Siempre voy a estar, tengo que cuidarte, no? -Reí-
-Ya me encuentro mejor.
Volvió a besarme, esta vez con más pasión que nunca, sus manos las pasaba lentamente por mi nuca, yo acariciaba su espalda, volvió a deshacerse de mi ropa, y yo de la suya, poniéndose encima mía, besando mi pecho desnudo y acariciando mi abdomen. Deposite un beso en sus labios, nuestras lenguas jugueteaban más que nunca, a más velocidad y con más pasión.
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