viernes, 14 de marzo de 2014

Capítulo 15.

-Narra Mario- Su mirada volvía a brillar, miraba para todos lados, se levantaba del sillón y comenzaba a dar vueltas por todo el camerino, rompí ese silencio.
-¿Me lo vas a decir ya?
-Si, voy. -Se sentó otra vez a mi lado, me cogió la mano y comenzó a hablar-
-Mario, te dije que necesitaba tiempo, he tenido ya casi un mes y me he dado cuenta que cada día que pasa te echo más y más de menos, echo de menos tus caricias, tus besos, despertar y verte a mi lado, que me hagas reír. Este tiempo he estado pensando demasiado, he intentado olvidarte, pero es imposible, no sé que me has echo, pero me tienes loca. -Sonreí como un tonto- Ves, hasta echaba de menos tu sonrisa, perdón por no haberte dicho antes esto, pero tenía que pensarlo muy bien, ya sabes como soy, nuestra relación es una locura, pero a mi me encantan las locuras.
-¿Has terminado de hablar? -Reí-
-Idiota, encima que estoy aquí nerviosa por habértelo dicho.
-Anda ven aquí. -La cogí del brazo, acercándome más y más a ella, hasta tener sus labios pegados a los míos, perdí el control completamente, echaba demasiado de menos sus besos, la besé con más pasión y más ternura que nunca, se tumbó encima mía, desabrochando mi camisa de cuadros, besando mi abdomen, acariciando mi nuca, volví hacia su boca, me perdía en ella, me volvía loco cada vez que sus labios volvían a juntarse con los míos, cada vez que nuestras lenguas volvían a unirse, estaban más juguetonas que nunca. Besarle hasta quedarme sin respiración, eso quería. Mis manos inconscientemente pasaban por debajo de su ropa, volví a su boca, esta vez me mordió el labio inferior.
-Se llevó las manos a la cabeza, mientras reía- Llevas sangre en el labio.
-Si es que eres muy bruta, para que me muerdes. -Reí-
-No seas tonto. -Volvió a mi boca, sonriendo-
Estábamos ahí tumbados en el sillón pequeño que había, cuando de repente abrieron la puerta.
-Perdón, perdón. -Reía José-
-Podrías haber llamado. -Respondió Malú, mirándole con mala cara-
Me levanté del sillón, abrochando los botones de mi camisa de cuadros.
-Reí- Tranquilo, yo ya me iba.
-No, el que se va soy yo. ¿Me llevo a Jesús a mi casa? -Dijo José-
-Si, si. Y vete ya. -Respondió ella-
José cerró la puerta y se fue, yo miré a Malú, ella me devolvió la mirada con una sonrisa pícara.
-¿Tú a donde crees que te vas? -Sonrió-
-A mi casa, con mi novia. -Reí-
-Ah, que tienes novia. -Rió-
-Sí, preciosa qué es. -La mire fijamente y no había nada más, nadie más. Solo ella y yo, haciendo el amor con la mirada.
Nuestras miradas volvían a brillar con más fuerza que nunca, la miraba y sonreía como un tonto. La verdad es que jamás pensé que sentiría algo así por una chica. Cogimos sus cosas y salimos abrazados del camerino, ya no había nadie por los pasillos, a la salida esperaban demasiados fans, se quedaron mirándome todos y cada uno de ellos, sus miradas estaban puestas en mi, me puse nervioso. Malú firmó algunos autógrafos, se echó algunas fotos, cogí el móvil para mirar la hora, las una de la mañana. Fui caminando hacia el coche, Malú iba detrás de mi. Entramos, ella quería conducir, nunca me dejaba a mi, pero esta vez, me hizo caso, me dejó conducir. Durante el camino no pronunciamos palabra, nuestras miradas ya lo decían todo. Llegamos a casa, ella se acomodó en el sillón. Marché a la cocina, cogí dos copas y una botella de vino, de reserva.
-¿Qué celebramos? -Sonrió-
-Muchas cosas, tu primer Sold Out en el Palacio De Los Deportes, nuestra reconciliación.
Casi sin querer, o queriendo, quien sabe, nos bebimos la botella de vino entre los dos, iba un poco borracho, bueno.. quizás demasiado, ella también, sonreía sin parar. Nunca perdía su sonrisa, esa sonrisa de la que me enamoré.
Me entró muchísimo calor, así de repente, me quité la camisa, me dirigí a la habitación a coger una cosa, pero al llegar allí, Malú se lanzó encima mía, colocando sus piernas alrededor de mi cuerpo, besándome lentamente, pasando su mano por mi pelo. Nos lanzamos a la cama, quitándonos la ropa rápidamente, estábamos sudando, no se si por el vino o por qué. Se tumbó encima mía, acariciando mi abdomen, subiendo hasta la nuca, rozando mis labios con la punta de todos sus dedos, besándonos hasta quedarnos sin respiración, bajé mis manos hacia su cadera, esa noche se escucharon unos pocos gemidos, quizás demasiados. Me miraba y sonreía, se escucharon varios suspiros ahogados. Pasamos la noche así, rodeado de besos, caricias y algo más.
De placeres que solo se encuentran en esta vida, estoy hablando de sus labios.
Siempre acabada dejando una sonrisa en mi rostro, en mis labios el sabor de los suyos y en mi piel el deseo de volverla a tener.
Nos quedamos dormidos, así abrazados, ella acurrucada en mi pecho. Olvidé bajar la persiana la noche anterior, y el sol empezaba a brillar, y empezó a molestar, me daba en todos los ojos. Me desperté, con un dolor de cabeza increíble, pero la vi ahí dormida en mi pecho y se me olvidó todo, otra vez volvía  a ser todo como antes, echaba de menos despertarme y verla a mi lado. Estaba preciosa, más que nunca, la desperté entre beso y beso, haciéndole caricias por todo su cuerpo, besando su frente y sonriendo como un idiota.
-Buenos días cariño. -Sonreí-
-Que dolor de cabeza, qué me hiciste anoche. -Rió-
-No me acuerdo. -Reí-
Entró a la ducha, yo entré detrás de ella.
-¿Qué haces? -Preguntó-
-Voy a ducharme. -Reí-
-Primero yo.
-Hay que ahorrar agua. -Volví a reír-
Nos duchamos los dos juntos, estuvimos un buen rato, debajo del chorro de agua que caía lentamente entre nosotros, seguíamos besándonos, otra vez, no habían pasado unas horas y nuestras lenguas volvían a unirse.
Y cuando menos me lo espero, me doy cuenta de que me gusta más de lo que creía. Ella es el motivo de mi felicidad.

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